Año2015
Contribuidor(es)La Voz de los Olvidados

Vida cotidiana

Las celdas son estrechas y oscuras debido a la falta de ventanas, y el sistema de ventilación es deficiente. Un informe publicado por el Subcomité para la Prevención de la Tortura (SPT) en el 2015 constató que, durante el día, la humedad alcanza un 70%. En las celdas tampoco hay sanitarios y los sanitarios de los módulos no funcionan regularmente. Los reclusos están obligados a hacer sus necesidades en un cubo plástico.

Los reclusos duermen en colchones viejos, esteras o incluso en el suelo. Las celdas fuertemente sobrepobladas se acondicionan para que todos los reclusos puedan dormir. El informe de la SPT señala que existen celdas de 16m2 en las que permanecen 22 personas durante más de 12 horas al día. Si las celdas están demasiado atestadas, los internos duermen en el patio exterior.

Este mismo informe describe las condiciones de vida en la celda disciplinaria de Libreville, en la que el calor es sofocante y el hedor nauseabundo, debido a que por falta de letrinas, los reclusos deben hacer sus necesidades en una botella o en una bolsa de plástico. Las salidas al patio están prohibidas y la comida se entrega a través de las barras.

Sólo se sirve una comida diaria, compuesta de una porción de arroz, un trozo de pollo o pescado (a veces enlatado o seco) y un trozo de pan. Este régimen alimentario, que no contiene ni frutas ni verduras, tiene un aporte nutricional demasiado bajo, por lo que numerosos reclusos padecen enfermedades (como el beriberi) a causa de la malnutrición. Los jefes de módulo reparten las tareas de la cocina entre los reclusos, quienes tienen que cocinar con fuego de leña y en el suelo.

Los reclusos dependen enormemente de la comida que les llevan sus familiares. Las personas indigentes o los reclusos cuyas familias viven lejos efectúan tareas u ofrecen servicios, a veces sexuales, a otros internos para obtener raciones suplementarias.

En algunas ocasiones, la escasez de agua dura varios días. Un solo grifo de agua alimenta cada módulo y son los guardias los que deciden activarlo. El agua se recolecta en recipientes de plástico. Los productos de higiene que suministra la administración penitenciaria son insuficientes y los reclusos dependen de sus familiares incluso para obtener jabón.

La escabiosis y los piojos se propagan frecuentemente. Según un artículo publicado por France 24, en enero del 2016, existe una superstición expandida entre los reclusos: cuando uno de ellos mata una rata, su condena aumenta. Como resultado, las prisiones están infestadas de ratas y cucarachas que pululan en las celdas o en los espacios en los que se sirve la comida.

No hay un sistema de alcantarillado o drenaje. En Libreville, los desechos están amontonados al aire libre, ya que los inodoros de los módulos están a menudo fuera de servicio y los reclusos se ven obligados a hacer sus necesidades en los tanques sépticos o en cubos de plástico. El SPT expresó su preocupación en cuanto al hecho de que los reclusos evacúen los desechos y vacíen los tanques sépticos directamente con las manos.

El informe del SPT del 2015 afirma que las enfermerías están mal equipadas y disponen únicamente de medicamentos básicos (quinina y paracetamol). La enfermería de la prisión de Lamberéné está mejor equipada que la de otras prisiones.

La calidad de los cuidados médicos depende en gran parte de la buena voluntad del director del establecimiento y del personal penitenciario.

Sólo se tratan las afecciones más comunes: enfermedades de la piel, parásitos, problemas gastrointestinales y enfermedades por carencia de vitaminas. Se han señalado casos de VIH. Los familiares de los reclusos con enfermedades más graves deben asumir los gastos de sus tratamientos.

El SPT constata una fuerte prevalencia de tuberculosis: alrededor del 20 % de los reclusos de Libreville sufre de esta enfermedad. Es muy difícil tratar correctamente a los enfermos, puesto que no hay una zona de aislamiento, la ventilación es deficiente y los tratamientos médicos se encuentran rara vez disponibles. Asimismo, la organización expresa su preocupación por la aparición de cepas de tuberculosis cada vez más resistentes y difíciles de curar.

Los reclusos gravemente enfermos deben ser tratados en un hospital, pero ciertas prisiones no disponen de medios de transporte para trasladarlos. En algunas ocasiones, se pide a los visitantes que contribuyan con los gastos de los taxis.

El equipo médico, constantemente escaso, muy mal remunerado y poco cualificado, no cuenta con un psiquiatra o con un experto en toxicología; las enfermeras y médicos no están vacunados y no son objeto de ningún diagnóstico de VIH.

Normalmente, el patio central es accesible durante el día. En la prisión de Port-Gentil, la comunidad musulmana construyó un espacio de culto, que también aloja una biblioteca.

Los reclusos se ocupan de la cocina, la limpieza y el mantenimiento de los espacios comunes.

En la prisión de Franceville, los reclusos organizan talleres de carpintería. Una sociedad donó una cantidad de madera con la que los reclusos construyeron un centro de formación para menores y un bar, con un espacio VIP, reservado a personas exteriores y al personal penitenciario. También existen talleres para realizar canastas tejidas, que luego se venden por fuera de la prisión.

En la prisión de Tchibanga se organizan talleres de carpintería y fabricación de ladrillos. Sin embargo, la escasez de materiales es frecuente.

Solo los reclusos menores benefician de programas de escolarización, organizados en las prisiones de Libreville, Port-Gentil, Franceville y Tchibanga. Tras su formación, los menores pueden presentar el examen del certificado de estudios primarios (CEP).

L’ONG Arc-en-ciel, junto con la fundación Sylvia Bongo Ondimba pour la famille, organiza cursos de francés y matemáticas en Libreville. Esta fundación también pone a su disposición computadores para que reciban cursos de informática. En estos programas se imparten tres niveles de enseñanza: de la alfabetización al nivel del tercer año de primaria. El horario, de 8.30 am a 3 pm, corresponde al de los estudiantes escolarizados. Además, se dedican dos horas por semana al código de circulación. Los menores condenados por delitos graves no tienen derecho a participar en los programas de escolarización.

Ninguna prisión posee televisión. Los familiares tienen derecho a llevar periódicos o una radio a los reclusos.

Los capellanes de todas las religiones pueden entrar a las prisiones y los reclusos pueden practicar libremente su religión. En Port-Gentil, por ejemplo, la comunidad musulmana construyó una sala de oración, que también sirve de biblioteca.

La mayoría de participantes externos se concentra en Libreville y Port-Gentil.

La organización sin ánimo de lucro La voix des oubliés y los movimientos religiosos locales, como Caritas o la comunidad musulmana, visitan una vez al año los otros establecimientos.

En el 2015, la organización sin ánimo de lucro La voix des oubliés distribuyó 800 ejemplares de la “Guía del recluso”, un manual que permite a los internos conocer sus derechos fundamentales mediante 30 preguntas y respuestas. Esta organización también aporta asistencia jurídica a las personas recluidas de manera ilegal.

La organización sin ánimo de lucro Arc-en-Ciel, junto con la fundación Sylvia Bongo Ondimba pour la famille, ayuda a un promedio de 80 menores al año en Libreville, acompañándolos durante su reinserción socioprofesional.
Estas organizaciones también realizan sesiones de apoyo psicosocial para los menores y distribuyen kits alimenticios.

La mayoría de recursos financieros de los reclusos provienen de sus familiares. La administración penitenciaria asegura lo mínimo para los más pobres: una comida por día, un pedazo de jabón y el acceso a un teléfono. Las organizaciones sin ánimo de lucro se encargan de proveer ropa a los internos. Las personas vulnerables o en situación de pobreza extrema (menores, extranjeros o mujeres) a veces se ven obligadas a prostituirse para cubrir sus necesidades.

Si bien, en principio, los reclusos pueden enviar por correo quejas individuales a la dirección de la prisión, los jefes de módulo controlan toda comunicación entre la administración penitenciaria y los reclusos. Por tanto, los internos rara vez denuncian los abusos de los que han sido víctimas o testigos, por temor a represalias.

Las huelgas de hambre y las fugas son frecuentes en las prisiones de Libreville y Port-Gentil debido a los retrasos en los procedimientos. El personal no está equipado para hacer frente a un motín o una fuga colectiva.

El domingo 8 de noviembre de 2015, tres reclusos, armados con una pistola automática y cuchillos fabricados con varillas limadas, se fugaron de la cárcel de máxima seguridad de Libreville durante la hora de visitas. Por lo menos tres guardias resultaron heridos. Tanto la policía como el ejército tuvieron que intervenir en el establecimiento para restablecer la calma.

Todos los visitantes son sometidos a registros corporales previos al ingreso a las instalaciones. Los reclusos se registran antes y después de las visitas.

Los jefes de módulo son los que determinan las sanciones disciplinarias. Entre ellas, las más comunes son el aislamiento, el encadenamiento, la supresión de visitas y los castigos corporales con látigos, palos o cinturones. Para las mujeres, uno de los castigos consiste en afeitarles la cabeza.

Los reclusos no pueden presentar quejas en caso de abuso debido a que los jefes de módulo controlan la comunicación entre los internos y la administración penitenciaria.