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Autor(es)Think Centre / Prison Insider / Traducida por Andrea Romero Lecrivain

Introducción

El sistema carcelario de Singapur se concentra básicamente en una enorme prisión, la prisión de Changi que alberga 23 000 presos. Se trata de un complejo con edificios altos y tecnología avanzada, un espacio confinado donde los reclusos ven raramente la luz del día.

A principios de los años 2000, el Servicio Penitenciario de Singapur (SPS, Singapore Prison Service) encargó la mejora de su imagen a Burson-Martseller, una agencia que colabora con regímenes dictatoriales y empresas multinacionales. Desde entonces el SPS presenta la reinserción de los presos como su misión principal.

Para apoyar su campaña de “reinserción”, el SPS creó el Care Network, un consorcio de instituciones que ayuda a los expresidiarios a reintegrarse en el mercado de trabajo una vez finalizada su pena. La Administración asegura que, en 2015, el 16% de los presos obtuvieron la garantía de un trabajo, antes de su liberación.

A pesar de ello, las condiciones de reclusión son inhumanas, e infringen un gran número de normas internacionales. Los reclusos pasan 23 horas al día encerrados en la celda, duermen en el suelo y tienen un acceso restringido a los medios de comunicación, al trabajo o a actividades recreativas. Los presos que cometen infracciones dentro de la prisión suelen ser castigados con latigazos

En 2012, la tasa de reincidencia fue estimada en un 27.5%. Esta cifra contradice los numerosos estudios científicos que prueban que las condiciones inhumanas de encarcelamiento reducen las posibilidades de reinserción social. Dicha cifra es además difícil de comprobar: en 2015 el país se encontraba en el puesto 153 de 175 en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa, publicada por Reporteros Sin Fronteras.