
Sin respuestas: investigación sobre las muertes sospechosas en las prisiones europeas
Investigaciones someras, información limitada y procedimientos judiciales lentos
Fuente: StreetPress
< imagen ©Léa Guiraud - Kiblind.
El pasado 7 de junio, Amélie Makiadi, de 26 años, llamó a la prisión de Fleury-Mérogis (Francia) para confirmar la visita a su hermano Aubin, prevista para la tarde. Sin embargo, al cabo de unos treinta minutos, una voz del otro lado del teléfono le dijo: “Ah no, su hermano ha muerto”. En ese instante, comprendió que había perdido para siempre a su compañero inseparable: “Nos decían Chip y Dale”. Si bien la administración penitenciaria concluyó que se trataba de un suicidio, su hermana sospecha que pudo haber actos de violencia: “Varias personas escucharon gritos y golpes la noche de su muerte”, declaró. Al identificar el cuerpo de su hermano en la morgue, Amélie descubrió su rostro hinchado y varias marcas en los hombros. “Lo que me permitió reconocerlo fue el dibujo en forma de estrella que tenía en el cabello; era yo quien hacía sus trenzas”. La familia interpuso una denuncia contra el establecimiento. No obstante, cinco meses después, la investigación aún está en curso y la familia sigue esperando el informe detallado de la autopsia.
A más de mil kilómetros de Francia, la familia Duduianu también espera respuestas. Frente a la prisión de Rahova (Rumania), que aloja a cerca de 1500 personas, se alzan dos villas una junto a la otra. Sobre sus fachadas color crema, se encuentran los retratos de dos hombres que observan a los transeúntes; uno de los cuales comenta: “Aquí todo el mundo los conocía”. Laurentiu, de 36 años, más conocido con el nombre de “Ciprian Pian”, uno de los jefes del clan del mismo nombre, falleció en julio en la prisión de Jilava, al sur de Bucarest, tras haberse quejado de dolores en el pecho, por los cuales no recibió atención médica. Unas semanas más tarde, Nicusor, de 42 años, otro líder del clan Pian, se desplomó al salir del consultorio médico de la prisión de Rahova. En su caso, tampoco se le brindó atención por sus dolores en el corazón. Sus familiares denuncian “condiciones dudosas” y prevén entablar demandas judiciales contra los establecimientos penitenciarios.
Según el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, todas las muertes en prisión se consideran sospechosas y deben ser objeto de una investigación judicial independiente. Sin embargo, muchas familias consideran que esto es insuficiente y reclaman mayor transparencia, ya que a menudo se las deja al margen de las investigaciones. Algunas denuncian las fallas que habrían provocado la muerte de su ser querido mientras se encontraba bajo la responsabilidad del Estado, y otras ponen cuestionan la responsabilidad del personal de seguridad. Tras explorar el tema del suicidio en prisión, este segundo artículo se concentra en otra zona opaca: las muertes de personas privadas de libertad en las que las circunstancias son confusas y las respuestas, dudosas.
StreetPress y Prison Insider investigaron sobre las muertes calificadas de “sospechosas” en Francia, Rumania y Hungría, donde la tasa de mortalidad en las prisiones es particularmente elevada. El mutismo al que se confrontó StreetPress revela la ley del silencio que rodea los casos de las muertes en prisión, en los que se cuestiona la responsabilidad de la administración penitenciaria. Las preguntas se eluden y las visitas se rechazan.
Investigación sobre las muertes en las prisiones europeas
Esta investigación consta de dos partes: la primera explora los suicidios en prisión, vinculados a la falta de atención psicológica y las condiciones de reclusión; la segunda se centra en las muertes sospechosas, que ponen de manifiesto la violencia institucional de las prisiones de Francia, Rumania y Hungría.
El presente artículo lo ha producido StreetPress, con la colaboración de Prison Insider, en el marco del proyecto La verdad sin velos, financiado por el European Media and Information Fund.



