Año2015
Contribuidor(es)Observatorio Internacional de Prisiones - sección Chadiana

Vida cotidiana

La mayoría de reclusos comparten una cama estrecha, otros duermen en el suelo o en una alfombra de oración. Las celdas tienen poca luz y mala ventilación; el calor es sofocante, sobre todo entre marzo y mayo, cuando las temperaturas alcanzan los 45°C. Algunos internos tienen derecho a dormir en el patio, lo que se considera como un privilegio.   
La administración no suministra cobijas a los reclusos durante el invierno, pese a que entre noviembre y enero la temperatura puede caer hasta -5°C.

Durante la noche, el olor nauseabundo de los cubos llenos de excrementos impregna las celdas.   

Los recién ingresados se ven a menudo obligados a pagar una suma de dinero al “jefe” de la celda (otro recluso) o a un guardia para obtener un lugar donde dormir.

La comida se sirve una vez al dia. Los reclusos se encargan de cocinarla. El plato, generalemente pan de mijo con salsa de quimbombó, se sirve en un plato colectivo de donde comen grupos de entre seis y diez reclusos. Las cantidades son insuficientes, por lo que los internos más débiles a veces se quedan sin comer.   

Los reclusos pueden comprar comida dentro y fuera de la prisión, así como pedir a sus familiares que completen sus raciones. En ocasiones, los proveedores aumentan los precios, venden productos caducados o dejan de suministrar alimentos a una prisión a causa de las facturas impagas. Los precios de los productos son más altos en los establecimientos del norte debido a las mayores distancias.    

No se toma en consideración el régimen alimentario de las personas enfermas, de los menores o de las mujeres lactantes.

La escasez de agua, un problema para toda la población del Chad, es el principal impedimento para mantener buenas condiciones de higiene. Algunas prisiones disponen de pozos y otras de bombas de agua con generador eléctrico. Sin embargo, ambos sistemas son deficientes y no logran satisfacer las necesidades de los reclusos.

Las duchas sólo son posibles unas cuantas veces a la semana. El lavado de la ropa es muy poco frecuente, lo que favorece la propagación de enfermedades de la piel y de parásitos (escabiosis, piojos, etc.). En general, el agua disponible está contaminada y su consumo puede provocar gastroenteritis o diarrea. Además, es difícil hervirla, ya que el carbón y la madera son escasos.

La administración no suministra a los reclusos ni jabón ni toallas sanitarias. En ocasiones, los familiares o las asociaciones humanitarias cubren esta escasez.

Según un informe publicado por Amnistía Internacional en el 2012, los baños y las redes de alcantarillado se encuentran en mal estado; las aguas residuales estancadas se mezclan con los excrementos. Los reclusos deben hacer sus necesidades en cubos plásticos, lo que impregna las celdas de un olor nauseabundo.

Las enfermedades más recurrentes son el paludismo, la diarrea y la escabiosis. Esta última se presenta sobre todo en los establecimientos con mayor hacinamiento y en las regiones húmedas del sur del país.

El personal médico, compuesto por los miembros de la gendarmería nacional o por los mismos reclusos, es a menudo incompetente. La falta de material y de medicamentos impide brindar una atención médica adecuada. Las enfermerías suelen usarse como celdas cuando la sobrepoblación es demasiado elevada o cuando la falta de material médico las hace inutilizables (Moussoro, Baibokoum, Goulougaya y Pala).   

Las personas que sufren de enfermedades mentales son encadenadas o aisladas y no reciben el tratamiento necesario. Las personas que padecen de tuberculosis o de VIH raramente reciben un tratamiento y no se realiza ningún diagnóstico ni se lleva registro de las personas infectadas. Si bien las relaciones sexuales sin protección son frecuentes, la administración penitenciaria no distribuye preservativos.nLas personas con tuberculosis no son separadas de los demás reclusos.    

Los reclusos gravemente enfermos se transfieren al hospital general de N’Djamena, pero los gastos corren por cuenta de sus familias. En ocasiones, es necesario sobornar al personal penitenciario para obtener un permiso de salida para ir al hospital.   

El consumo de estupefacientes, como la marihuana o el tramadol (un opiáceo que puede generar una fuerte dependencia), es común. Aunque este medicamento es prohibido en el Chad, el personal penitenciario o los reclusos venden por 100 francos CFA (casi 0,16 euros) las dos tabletas.

El patio central es accesible de 8:30 a 17:30. Ningún espacio está destinado a las actividades deportivas. En ciertas ocasiones las ONG y los grupos religiosos organizan actividades; pero de manera limitada. Los juegos de cartas o de damas están autorizados.

En Sarh se proponen talleres de carpintería. En Bongor, los reclusos se ocupan de un huerto común de sorgo y de quimbombó. La prisión de Mondou dispone de una biblioteca.

Existen tres modalidades de trabajo: los trabajos pesados, la venta de objetos elaborados por los reclusos y el trabajo al exterior de la prisión. No se prevé ningún contrato de trabajo o salario formal.    

La asignación y la gestión de los trabajos pesados dependen del poder de los reclusos organizados en “mairies” (ayuntamientos). Estas tareas se atribuyen generalmente a las personas más vulnerables, como los menores, y consisten en el mantenimiento de las instalaciones (limpieza de las celdas, evacuación de basura) y en la preparación de comidas (cargar el agua y la madera, cocinar). Los reclusos pueden ser recompensados con un trozo de pan o de jabón adicional. Se han presentado casos de malos tratos (de varios niveles de gravedad) cuando los internos se niegan a realizar las tareas impartidas.    

Las actividades de producción individual dependen del recluso, las más comunes son el punto, la cestería, la costura y la venta al detalle. El recluso debe hacer llegar el material a la prisión y encontrar la manera de vender sus productos al exterior. En algunas prisiones, los ingresos percibidos se depositan en una caja común administrada por los reclusos. En este caso, el interno fabricante recupera su peculio a la salida de la prisión.    

Algunos funcionarios y oficiales del ejército emplean reclusos sin dar justificación alguna al personal penitenciario. Los trabajos a domicilio sin ninguna remuneración son frecuentes.

La administración penitenciaria no ofrece ningún programa de escolarización. A veces, algunos reclusos organizan cursos de alfabetización para sus compañeros.   

Las prisiones de Mondou, Bebedja, Kélo, Bébé y N’Djamena proponen formaciones técnicas profesionales. Por lo general, se trata de talleres de carpintería, herrería o costura para más o menos quince personas, pero muy pocos internos se interesan en estas actividades. Al terminar su formación, el recluso recibe un certificado, que se anexa a su expediente.

Los reclusos, encerrados en sus celdas a partir de las 17:30, tienen dificultades para cumplir con sus obligaciones religiosas de la noche.

La ley autoriza a los reclusos a usar su ropa durante las celebraciones religiosas.   

En las cárceles de Bongor, Mondou, Koumra y Pala intervienen algunos capellanes. En Amsinéné, aún no se ha remplazado al capellán, tras el deceso del padre Kaboré en el 2014. Las demás prisiones organizan las celebraciones religiosas en el patio central o en una celda. La iglesia católica tiene una “comisión de justicia y paz” que organiza todos los sábados actividades de evangelización en Bongor y Pala.    

La cuestión carcelaria se evoca con frecuencia en las conferencias episcopales, tras las cuales los obispos alertan al gobierno sobre las condiciones de reclusión. El padre Russo, obispo en Doba, fue expulsado del país en el 2014. El OIP-Chad sospecha que el principal motivo de su expulsión fue su discurso en favor de los reclusos, juzgado demasiado intrusivo por el poder central.

Las asociaciones religiosas de diferentes confesiones intervienen con regularidad en lo relacionado con celebraciones religiosas, obras caritativas o asistencia sicológica.    

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), que visita con frecuencia las prisiones más pobladas, organizó una jornada de trabajo, el 26 de mayo del 2015, con el objetivo de alertar a la Asamblea Nacional sobre el estado de las prisiones y proponer las medidas que se deben adoptar para mejorarlas.   

El OIP del Chad organiza actividades de alfabetización para los menores en Bongor, Pala y Mondou. En Bongor, ciudad en que se encuentra ubicada, esta ONG propone cursos de costura para las mujeres, pintura para los hombres y formaciones en derechos humanos para el personal.   

La Liga Chadiana de Derechos Humanos (LTDH) y la Asociación Chadiana para la Promoción y la Defensa de los Derechos Humanos (ATPDH) intervienen en las prisiones. El 26 de octubre del 2015, la ACAT-CHAD obtuvo una autorización del gobierno para visitar las prisiones.

Los reclusos que trabajan perciben una suma de dinero. En ciertas prisiones, este dinero se deposita en una caja común administrada por los miembros de las bandas. Las personas que han trabajado podrán percibir una parte de su dinero al momento de su excarcelación.

Desde su ingreso a la prisión, los reclusos deben pagar remuneraciones al personal con el fin de evitar golpizas, tener un lugar donde dormir, poder ser transferidos al hospital, etc.

El Ministerio de Justicia designó una comisión para investigar, entre el 19 de enero y el 6 de febrero, los sucesos que provocaron la revuelta de noviembre del 2014 en la prisión de Amsinéné: el personal impidió a los reclusos salir de sus celdas, lo que ocasionó una protesta colectiva. Un interno falleció y varios resultaron heridos.    

La comisión encargada de la investigación recomendó al Ministerio de Justicia que liberara a las personas que habían sobrepasado el plazo límite legal de prisión preventiva, organizara audiencias para las personas a la espera de un juicio y construyera un módulo para menores. El 21 de septiembre, el ministro de Justicia ordenó la liberación de diez personas que habían estado en prisión preventiva por un plazo superior al límite legal.

La administración penitenciaria realiza pocos controles sobre las condiciones de seguridad al interior de las prisiones y suele confiar a las bandas la gestión de los establecimientos. Estas bandas se encargan de las actividades de la vida cotidiana (acceso a la comida, lugar para dormir, actividades comerciales), así como del tráfico de estupefacientes (marihuana, llamada mbongo, y tramadol). Algunas tareas, como los registros de las celdas o la vigilancia de los reclusos durante las transferencias al hospital o al tribunal, se encomiendan a “los colombianos” (miembros de las bandas).   

De manera regular, los internos que representan un riesgo de fuga o que se consideran peligrosos permanecen en aislamiento o encadenados. Esta sanción puede durar de varios días a varios meses. Los reclusos transferidos al tribunal también son encadenados; la administración justifica esta práctica con la falta de personal penitenciario.