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Nepal : mil trabajos, mil miserias (IV)

— Publicado el 30 marzo 2018.

En 2015, Renaud Meyssonnier emprendió un viaje desde Francia hasta Asia. Pero unos meses más tarde, fue arrestado en la frontera entre India y Nepal, por uso de moneda falsa, y condenado a un año de prisión. Renaud fue enviado a la cárcel de Bhairahawa, al Sur de Nepal, en la que permaneció un mes antes de su traslado a Katmandou.

De acuerdo con el Prisons Act, la ley de prisiones de Nepal, el trabajo penitenciario no debería tener un objetivo de beneficio financiero

Trabajar mucho para ganar poco

En Bhairahawa, es posible trabajar; todos los días entre las 7:00 am y las 3:30 pm se lleva a cabo un taller llamado “mudha company”, en el que se fabrica “mudhas”, es decir, pequeñas sillas circulares elaboradas con bambú. Los materiales entran en la mañana y salen en la tarde. El taller se realiza sobre una parte delimitada de la cancha de voleibol, de la que ninguna herramienta puede salir. Esto se hace con el fin de evitar que un asesino se pasee con una sierra, un martillo o una hoz…

Más o menos treinta personas trabajan en el taller regularmente. Los productos realizados se venden al exterior por solo 450 rupias. Cerca de 4.50 euros por una artesanía que requiere largas horas de fabricación. Estas mudha “lowcost” se hacen con materiales de mala calidad y se venden a precios irrisorios. Los fabricantes son muy mal pagos, un buen trabajador puede ganar máximo 100 rupias diarias (un euro).

El pago se recibe al fin de mes, pero algunos prefieren que se les pague cotidianamente; a menudo son los mismos que pasan todo el día en el taller porque que no tienen ni un centavo.

Este pequeño salario permite a las personas que no cuentan con el apoyo financiero de sus familiares comprar té, cigarrillos y complementos alimentarios, pero nada más. Para aquellos que tienen que pagar una fianza o una multa, es misión imposible. La prisión debería proponer trabajos correctamente remunerados para que los reclusos puedan cubrir sus gastos. Pero este no es el caso. Además, de acuerdo con el “Prisons Act”, la ley de prisiones de Nepal, el trabajo penitenciario no debería tener un objetivo de beneficio financiero y debería ofrecer una remuneración justa a los reclusos.

Muchos apuestan a los dados la suma que recibieron en la mañana

1100 rupias para pasar el invierno

Un día nos convocaron a todos los reclusos frente a la celda número tres, donde tiene lugar la distribución del dinero. Antes del invierno, el Gobierno da a cada uno 1100 rupias, alrededor de 11 euros. Oficialmente, ese dinero es para comprar mantas, oficiosamente, es para que todos puedan divertirse durante las festividades del Tihar1. 1100 rupias en este lugar es una suma considerable: dos meses y medio de subsidio.

Cada recluso recibe un billete de 1000, que los nepaleses llaman “hazaar”, y uno de 100 al que le llaman “diamond”. Un “diamante” que vale menos de un euro…

Esa noche en las celdas, es noche de “casino”. Muchos apuestan a los dados la suma que recibieron en la mañana; no más de 50 rupias por cada tiro, esa es la regla. Pero no hay ninguna regla sobre el número de veces que se pueden tirar los dados. Las apuestas siguen. Algunos terminan arruinados, incluso, endeudados, a pesar de que los juegos de dinero son ilegales en Nepal. Al parecer, la ley no llegó hasta la prisión.


  1. el Tihar es una fiesta nepalesa que se celebra durante el mes de noviembre.  

Los “impuestos” son más altos que en Bhairahawa, donde se pagaba 30 rupias diarias

Impuestos en prisión


Después de algunos meses, Renaud fue trasladado de la prisión de Bhairahawa a la prisión de Katmandou.


En Katmandou, durante el conteo de las 7:00 pm, Cobra, el “guardia-recluso” jefe del módulo 6 al que me trasladaron, distribuye un diamond a cada uno. Me explican que este dinero corresponde a las diez rupias diarias que el Estado distribuye a los reclusos.

La distribución del diamond tiene lugar cada diez días. El Gobierno entrega 45 rupias diarias a cada persona. Aquí, 35 de estas 45 rupias se retienen en la fuente –supuestamente están destinadas al funcionamiento, a los cocineros, a los utensilios de cocina, etc-.

Los “impuestos” son más altos que en Bhairahawa, donde se pagaba 30 rupias diarias. En esta prisión, los reclusos del módulo 7, el de los recién llegados, no reciben ningún dinero (durante uno o dos meses) hasta que se trasfieren a otro módulo. Por mi parte, tuve que esperar más de dos meses. Y en vista del número de ingresos, son muchos los que se ven defraudados por la administración. Algunos incluso acusan al “jailor” [el director] y los “naike” [los guardias-reclusos] de dedicarse a un oscuro tráfico de arroz: se presume que venden en el exterior una parte de los 700 gramos diarios reservados a cada persona para redondear su fin de mes…

En septiembre de 2015, tras el aumento del salario de los policías debido a la inflación, Charles Sobhraj1 lanzó una petición. Sobhraj reclamaba que, en consecuencia de este aumento, el subsidio de los reclusos debía pasar de 45 a 145 rupias como lo preconiza la Comisión Nacional Consultiva de Derechos Humanos. Nueve meses más tarde, este subsidio aún era de 45 rupias y no estaba a punto de cambiar.


  1. el asesino en serie francés que cumple doble pena de cadena perpetua en Nepal 

La explotación del hombre por el hombre no se detiene a la entrada de la prisión, es ahí donde vuelve a comenzar...

"Muy costosa para mí"

Una noche, me quedé sin papel y tuve que ir a comprar un cuaderno al economato. Al llegar, encontré al vendedor en ropa interior, embadurnándose de una loción, y le pregunté:
¿Es vaselina?
A muchos les gusta ponerse vaselina para hidratar su piel desecada por la suciedad del ambiente. Me respondió:
No, la vaselina es muy costosa para mí, es aceite de mostaza silvestre”.

Me pareció increíble que no pudiera pagarse la vaselina, puesto que detrás de él, había varios botes en los estantes. Pero es cruelmente lógico, para que no se puedan traficar los productos, los “naike” controlan estrictamente los stocks y los precios; el dinero que les entrega el vendedor tiene que corresponder exactamente a los productos vendidos, y, de las ganancias, ellos le pagan un salario miserable cada tres meses: entre 50 y 100 rupias diarias. El resto es para los prebostes y el “jailor”, que otorga concesiones. Es así como este pobre hombre, que vende botes de vaselina todo el día, no puede pagarse uno.

Hay muchos trabajos de este tipo que pagan una miseria: cocineros, lavanderos, carniceros, albañiles, artesanos, etc. También están los que pasan todo el día, y a menudo, la noche, enhebrando perlas de plástico en un hilo de nylon con la ayuda de una linterna frontal, que usan durante los cortes de electricidad.

Algunos confeccionan aderezos para venderlos al exterior, y otros fabrican fundas para los encendedores. Todos ellos son empleados por un “guardia-recluso” que les suministra los materiales, recupera los productos terminados y les paga un salario miserable cuando tiene tiempo.

Además, contrariamente a lo que yo creía, el costo de vida en la cárcel no es más bajo que en el exterior, es más alto. Salvo algunas excepciones, todo cuesta más aquí adentro, lo que me parece un escándalo teniendo en cuenta los pocos trabajos que existen y, sobre todo, los salarios ridículos que pagan.
Una persona que no cuenta con el apoyo financiero de sus familiares, es fríamente oprimida por los precios de los productos y su poder de adquisición es completamente nulo. Por desgracia, la explotación del hombre por el hombre no se detiene a la entrada de la prisión, es ahí donde vuelve a comenzar.


Renaud Meyssonnier, para Prison Insider


Lea la primera parte del testimonio de Renaud: "Bajo el techo del mundo, cárceles sin guardias" • Lea la segunda parte del testimonio de Renaud: "La prisión de Katmandú, un gueto desordenado" • Lea la tercera parte del testimonio de Renaud: "Navidad en una cárcel nepalesa".

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