noelnepal.jpg

Navidad en una cárcel nepalesa (III)

— Publicado el 22 diciembre 2017.

En 2015, Renaud Meyssonnier emprende un viaje desde Francia hacia Asia. Unos meses más tarde es detenido por uso de moneda falsa en la frontera entre India y Nepal, y luego, condenado a un año de prisión. Encarcelado durante el periodo de fin de año, narra la que recordará como la Navidad más sorprendente de su vida. Aquella que pasó en la cárcel de Katmandú. Relato.

Y yo que pensaba que este año mi Navidad iba a caer en el olvido, me sorprende descubrir misioneros justo aquí

Con la llegada de la Navidad, los reyes magos vienen a leernos salmos y predicar el catecismo. Un trío compuesto por un pastor, un superintendente y un profesor nos visita. ¿Su punto en común? Los tres son cristianos. Somos convocados a reunirnos en el patio donde extendemos algunas lonas y colocamos la mesa.
"Después de la introducción del cristianismo en Corea del Sur, las cárceles se han vaciado". Pero aun así, allí la superpoblación carcelaria continúa rondando el 110%. Quizá estos señores nos dirán que de todas formas es inferior a la tasa oficial de 155% de Nepal... Cuando han terminado de parlotear, el puñado de detenidos cristianos forma una coral alrededor de Padam, que acompaña con su guitarra. Los otros, la mayoría hindúes, escuchan respetuosamente sentados sobre las lonas en el suelo. Antes de marcharse, el pastor regala una Biblia y 2000 rupias a la biblioteca para que podamos organizar una pequeña fiesta con motivo del nacimiento de Jesús.
Y yo que pensaba que este año mi Navidad iba a caer en el olvido, me sorprende descubrir misioneros justo aquí.

"Yo rezo también en el monasterio budista, delante del templo hindú y ¡Jesús is happy! Sin problema, only one God."

Una iglesia en la prisión

Cuatro días después, me transfieren a Katmandú contra mi voluntad. Pierdo la oportunidad de pasar unas fiestas de Navidad más bien pobres en Bhairahawa. Al contrario que aquí, donde el dispositivo puesto en marcha es mucho más importante. En el patio, podemos disfrutar del concierto de una orquesta venida del exterior. Sorprendido, constato la presencia de una mujer entre los músicos. A pesar de su edad, me parece sorprendente verla en medio de todos estos machos abstinentes. Debe sentirse muy incómoda. Nunca se aleja demasiado de los agentes de seguridad que protegen a la orquesta. Cuando hay visita femenina detras de sus muros, los detenidos se comportan admirablemente bien: nada de silbidos machistas ni miraditas insistentes. Las cárceles son tan miserables que hay incluso instituciones donde hombres y mujeres deben convivir juntos como el situado en el distrito de Udayapur.

Los naike1 cocinan búfalo en cacerolas grandes. Las raciones se distribuyen gratuitamente. Degustamos la comida sentados en las mesas dispuestas para la ocasión. Veo a Hughes -el otro francés, acusado de pedofilia y a la espera de juicio- acercarse a mi mesa.
"¡Hello, mister! Pffff... Vengo de la misa, ha sido un rollo... - ¿La misa? ¿Pero aquí hay una iglesia?
-¡Sí, sí, justo ahí! Es una habitación que forma parte de ese edificio."
Me señala un bloque en torno al patio y añade en su característica mezcla de idiomas: "Yo rezo también en el monasterio budista, delante del templo hindú y ¡Jesús is happy! Sin problema, only one God."
Un día, un cura-recluso me dirá que hay entre 200 y 300 cristianos en la cárcel, representando la tercera religión. Los musulmanes ocuparían la cuarta posición. Esta cifra parece exagerada : en el exterior hay un 4% de musulmanes y no mucho más de 1% de cristianos. Pero como ya he podido comprobar en las cárceles, aquí son muy prosélitos. La comunidad cristiana parece especialmente activa y estructurada. Los musulmanes, en cambio, no tienen un lugar de culto para ellos, aquí rezan en el exterior.


  1. Son reclusos-vigilantes, encargados de mantener el orden y organizar la detención. 

El cocinero enciende el hornillo, grandes llamas relamen las vigas de color carmesí...

El "New Hotel"

Hacia las 20h, podremos degustar otra comida de Navidad, pero esta vez a la manera occidental. Cita en una de las chozas apiñadas en la fachada norte del bloque 7, llamado aquí de manera pomposa el "New Hotel". Se trata de una habitación de 5 m² y 1,80 m de alto. Al entrar debo agacharme para pasar debajo del marco de la puerta.

Dentro, mi cabeza toca todavía el techo. Sentado detrás de una pequeña mesa, hay un calvo gordo que me recibe con los brazos abiertos con un acento de Europa del Este:
"¡Bienvenido, encantado de conocerte, amigo!". Tiene el físico de un oso. Con su cráneo liso, su perilla embellecida y su piel sonrojada, destaca entre los pequeños nepaleses.
"-Gracias, gracias. ¿Eres tú el famoso Alexeï ?". El calvo baja los brazos.
"-No, yo soy Adam, vengo de Polonia. Alex es el alemán que está ahí, el que ha organizado la velada". Me muestra un hombre mucho más delgado y joven situado junto a un hornillo. Parece un profeta, con su pelo largos, barbita y con su expresión de desilusión. Me dice:
"Hola, estoy contento de que hayas venido. Muchos me han hablado de ti. ¿Estás aquí desde hace tiempo?
-Una semana.
-¿Y todo te va bien?
-Bueno, todavía sigo en el bloque 7. Me imagino que lo conoces. No he venido con las manos vacías, he traído un regalo.
-Ah, ok. Bien. Puedes sentarte.¡Bienvenido!"
Me apiño junto a Adam. Cuando el nepalés que debe ser el cocinero enciende el hornillo, grandes llamas relamen las vigas de color carmesí. Luego, pone encima un plato en forma de sombrero cónico al revés y un espeso humo de aceite quemado ennegrece en seguida las paredes.

Todos somos cristianos o, como yo, de cultura cristiana.

Cristianos de distintos orígenes

"¡Helloooo!".
Encorbándose bajo la puerta, Hughes nos saluda haciendo muecas. A pesar del dolor, nunca pierde la alegría de vivir. Uno a uno llegan los invitados: ahí están Joseph, un nigeriano, Guo, un chino, Bishwa, un nepalés que trabaja como maestro de escuela en la prisión. Todos somos cristianos o, como yo, de cultura cristiana.
El espacio es tan reducido que con seis invitados y dos cocineros, nos mantenemos calientes. Aparte de la sexagenaria francesa que ya conocía, a los otros los veo hoy por primera vez por Nochebuena... no está mal como introducción. Nadie me ha preguntado por mi caso. Supongo que la noticia se ha extendido como la pólvora y que Hughes o Anatolii ya les habrán contado. Y por cierto, el gran ucraniano no está entre los nuestros. Hughes me explica que su relación con Alexeï y Adam se ha enfriado. Nik el danés tampoco está aquí. Por lo que me ha contado Anatolii, Alexeï habría sido condenado por intento de robo y Joseph por tráfico de drogas. De los otros, aún no sé nada, pero no soy de los se molestan por ello. No les pregunto, porque sé perfectamente que es un asunto tabú en esta tarde de fiesta.

Los regalos se entregan uno a uno, pero dejándolos en una esquina para abrirlos discretamente después de terminar la escena...

Ceremonia de regalos

En un gorro rojo de Papa Noel, Adam pone ocho trozos de papel en los que están escritos nuestros ocho nombres. Luego, mediante sorteo escogemos los regalos. Yo recibo el de Bishwa.
"Tienes suerte." me admite guiñándome un ojo. Alexeï tiene el mío. Un espejo de bolsillo que encontré abandonado en un muro una mañana cuando me cepillaba los dientes. Nos las arreglamos con lo que tenemos… Los regalos – algunos envueltos en papel de periódico – se entregan uno a uno, pero dejándolos en una esquina para abrirlos discretamente después de terminar la escena. Todo se desarrolla con una alegría silenciosa, sobreestimada. Esas sonrisas hipócritas, esos gestos de caballeros, esta etiqueta de vidēśī desconcierta a los nepaleses.

He encontrado un oasis de mi civilización, una balsa de fortuna europea en medio de este especie de océano llamado Asia.

Un ambiente próximo al de nuestro hogar que se engalana para celebrar dentro de unas horas bajo un cielo más septentrional. En Katmandú, tengo la suerte de encontrar comportamientos y maneras de pensar más cercanas a las mías que me hacen la vida un poco mejor. Y también, un paso más en el camino de mi hogar, dulce hogar.

Alexeï nos recuerda que ha pagado por adelantado la comida, alquilado el New Hotel y pagado a los cocineros. Le debemos 450 rupias...

Una extraña Navidad

Después de comer, por fin abrimos los regalos. Para Alexeï, creo que he dado en el blanco, porque hasta ahora tenía sólo un diminuto espejo cosido en el reverso de su neceser. En cuanto a mi, he recuperado el termo de Bishwa para guardar la comida caliente. Aunque sea de segunda mano, sigue siendo de una utilidad significativa aquí. En cierta manera todos hacemos camping.

Salimos a beber un café y fumar. Dentro de poco nuestra digestion se ve interrumpida por los "¡Oh number ! ¡Oh number !". Alexeï mueve con hastío la cabeza con movimientos pendulares, como un elefante enjaulado. Los naike bajan del bloque 8 para recordarnos que debemos regresar al dormitorio. Sin tregua. Vaciamos nuestras tazas en los moldes, pisamos los cigarrillos, y nos damos un rápido apretón de manos. Alexeï nos recuerda que ha pagado por adelantado la comida, alquilado el New Hotel y pagado a los cocineros. Le debemos 450 rupias. ¡A la cama, granujas!... Así termina la que quedará como sin duda la Navidad más extraña de mi vida.


Renaud Meyssonnier, para Prison Insider

Apóyenos

Donación mensual

Actuar
Difundir
Desarrollar
Contribuir
mockups_devices_es.png