Kristian Mjåland. Basándose en un estudio comparativo de tres países anglosajones (Australia, Inglaterra y Nueva Zelanda) con tres países nórdicos (Finlandia, Noruega y Suecia), John Pratt y Anna Erikson identificaron cinco elementos esenciales de los sistemas penitenciarios nórdicos. .
En primer lugar, los establecimientos penitenciarios nórdicos son, en promedio, más pequeños, y, en segundo lugar, sus condiciones de vida son mejores. Hay poca sobrepoblación, y las personas suelen alojarse en celdas individuales que, en la mayoría de las prisiones, cuentan con sanitarios. Es bastante habitual que, incluso en los establecimientos de máxima seguridad, las personas privadas de libertad compartan una unidad de vida en la que tienen acceso a una cocina y una sala de estar. Aun así, las condiciones materiales pueden variar considerablemente de un país a otro e incluso dentro de un mismo país. En Noruega, por ejemplo, la infraestructura de algunas construcciones recientes es adecuada, mientras que las más antiguas se encuentran en mal estado.
El tercer elemento es que las relaciones entre el personal y las personas privadas de libertad suelen ser más horizontales, y se espera que los funcionarios interactúen más con ellas.
Asimismo, la capacitación del personal suele ser bastante completa. En Noruega, el programa de formación tiene una duración de dos años, que consta de un primer semestre en la Academia de Funcionarios de Prisiones (Prison Officer Academy), seguido de un año de práctica en una prisión —bajo la supervisión de un funcionario experimentado—, y, por último, de un semestre adicional en la academia. Durante estos dos años, el personal recibe una remuneración. En muchos otros países, la formación es más breve, como en Inglaterra o Escocia, donde dura únicamente entre seis y ocho semanas.
Los dos últimos elementos se refieren a las oportunidades educativas y laborales, y a los programas de reinserción. En la mayoría de las prisiones de máxima seguridad, las personas privadas de libertad pueden acceder a la educación y al trabajo. Si cumplen ciertos criterios —por ejemplo, si no tienen un diploma de educación secundaria—, tienen derecho a recibir educación en prisión, la cual es impartida por escuelas públicas de la comunidad. Sin embargo, es importante señalar que la situación no está avanzando en la dirección correcta, al menos no en Noruega.
Peter Scharff Smith. A la pregunta “¿Cómo son las prisiones de los países nórdicos?”, la respuesta más breve es que no dejan de ser prisiones. Dicho esto, los sistemas penitenciarios nórdicos o escandinavos comparten algunas prácticas positivas, como el principio de normalización, un enfoque basado en los derechos que consiste en tratar a las personas privadas de libertad como ciudadanos y ciudadanas comunes y brindarles un trato semejante al que recibirían fuera de prisión. Esto implica, entre otras cosas, permitirles comprar su propia comida en el economato y prepararla ellas mismas, en lugar de que la administración se la proporcione, así como beneficiarse de visitas conyugales, durante las cuales pueden reunirse en privado con sus parejas.
Las prisiones de régimen abierto son también una práctica bastante común en los países nórdicos. Si bien existen en la mayoría de los sistemas penitenciarios, en Noruega y Dinamarca, estas concentran una gran proporción de las plazas disponibles; en ambos países, dicha proporción representaba casi un tercio, aunque en Dinamarca ha disminuido a un cuarto. La vida en este tipo de establecimiento es muy distinta tanto para las personas privadas de libertad como para sus visitantes, en comparación con las prisiones de régimen cerrado de muchos otros países.
Los centros abiertos en los países nórdicos pueden diferir considerablemente entre sí. En Noruega, Bastøy, también conocida como la “isla prisión”, ofrece un régimen de vida flexible y abierto. En Dinamarca, en cambio, el régimen abierto se ha vuelto más restrictivo y se asemeja cada vez más al de los establecimientos cerrados.
Si bien los centros abiertos son bastante comunes en los países nórdicos, esto no significa que se trate de un modelo exclusivo. Hace algunos años visité un establecimiento de este tipo en Cataluña, en el que las personas pasan la mayor parte del día fuera. Su funcionamiento es mucho menos estricto que el de una prisión abierta típica escandinava y se asemeja más bien al de un centro de reinserción danés.
Aunque se han realizado algunos estudios sobre las prisiones nórdicas, ninguno de ellos se ha interesado ni por el origen ni por la evolución de estas prácticas que, históricamente, se remontan a las décadas de 1960 y 1970, cuando tuvo lugar una revolución de los derechos que influyó en gran medida en los sistemas penitenciarios del mundo occidental. La mayoría de las prácticas que hoy asociamos a las prisiones de los países nórdicos se transformaron de manera significativa durante ese periodo.