Violette Lazard. Cuando trabajas sobre la prisión, te enfrentas a obstáculos todo el tiempo. El primero es evidente: se trata de un lugar al que solo se accede de manera excepcional, y siempre bajo supervisión. Hace poco, Gérald Darmanin, ministro de Justicia, organizó visitas a módulos de máxima seguridad en Vendin-le-Vieil y Condé-sur-Sarthe. Son las raras ocasiones en las que nos invitan como periodistas. El problema, es que esas visitas no son más que escaparates, donde se elige quién habla y qué se muestra. En esas condiciones, el interés periodístico es muy reducido.
Clara Monnoyeur. Las visitas a prisión están muy reglamentadas y sumamente controladas. Una simple solicitud para filmar un documental puede requerir tres o cuatro meses de negociaciones, y el Ministerio de Justicia debe validar todas las grabaciones —incluidas aquellas que no se emiten—. En la práctica, la administración penitenciaria filtra cada una de las etapas de los documentales filmados en prisión. La mayoría de las veces, son los servicios de comunicación del ministerio y del establecimiento los que deciden el lugar de rodaje y las personas internas o miembros del personal que pueden testificar.
Desde 2014, los parlamentarios pueden ingresar a los establecimientos penitenciarios en compañía de periodistas. Sin embargo, existe un decreto que regula de manera muy estricta las condiciones de las visitas: no debe haber más de cinco periodistas, se prohíbe tratar temas distintos al de la visita parlamentaria, y no es posible dirigirse directamente a las personas privadas de libertad, al personal o a la dirección. En el lugar, las y los periodistas están acompañados permanentemente y sujetos a numerosas restricciones.
Por ejemplo, se prohíbe filmar cualquier cosa que tenga que ver con la “seguridad”. Esto puede implicar incluso que te nieguen el permiso para filmar una celda vacía o unos barrotes, mientras realizas un reportaje sobre la ola de calor. No es raro que los equipos pasen dos horas dentro sin conseguir una sola imagen explotable.
Los y las periodistas quedan relegados al papel de simples “observadores” de la visita, lo que a veces da lugar a situaciones absurdas. Recuerdo una celda de 9 m² ocupada por tres personas. Un parlamentario me propuso hacer una pregunta y me vi obligada a susurrarle: “¿Podría preguntarle a este señor —que está justo frente a mí— si todo va bien?” Luego, el diputado formuló la pregunta en mi lugar. Este tipo de situaciones impiden cualquier relación directa y constituyen una falta de respeto hacia las personas a las que se supone que nos dirigimos.
Violette Lazard. El segundo gran obstáculo es la comunicación institucional. Para obtener información, debemos pasar por la unidad central del Ministerio de Justicia, pues los canales de comunicación con las fuentes descentralizadas, como las direcciones interregionales, direcciones de los establecimientos, están completamente bloqueados. Oficialmente, el Ministerio de Justicia “registra” nuestras solicitudes, pero la verdad es que nunca he recibido ninguna respuesta del servicio de comunicación del ministerio en tres años. Es inconcebible.
Escribo sobre muchos otros temas, algunos muy sensibles, pero nunca he tenido que hacer frente a un tal nivel de opacidad.
Clara Monnoyeur. Tras la polémica que suscitó la carrera de karting organizada en la prisión de Fresnes, se produjo un cambio muy evidente. Antes de ese episodio, la comunicación de la administración penitenciaria respondía a nuestras solicitudes, aunque fuera de manera mínima. Ahora, todo está bloqueado, y las direcciones de los establecimientos nos remiten sistemáticamente al ministerio, que a menudo se limita a copiar y pegar fragmentos de textos legales. Incluso quienes intervienen a nivel local y desearían compartir sus testimonios terminan renunciando, ya que las autorizaciones tardan semanas o incluso meses en concederse.
La prisión es, en todos los sentidos de la palabra, un lugar realmente cerrado. El temor a hablar se percibe en cada uno de los niveles de la cadena. Por suerte, existen algunas excepciones, pues ciertas direcciones se sienten aliviadas de que vayamos a observar las condiciones de reclusión, la sobrepoblación y el deterioro de las condiciones laborales del personal penitenciario.