Giulia. Desde octubre de 2023, los arrestos y las violaciones de los derechos de las personas palestinas privadas de libertad se han intensificado, especialmente en Gaza. Antes de esa fecha, las detenciones eran menos frecuentes, ya que el Ejército israelí no estaba presente físicamente en el territorio. Los arrestos eran esporádicos y solían producirse en puntos de control como Erez o Beit Hanoun, cuando las personas intentaban cruzar. Sin embargo, desde la invasión de las fuerzas israelíes en Gaza, hemos sido testigos de situaciones que las organizaciones de derechos humanos no habíamos observado antes, como los secuestros masivos de miles de personas.
Lo que están viviendo las personas palestinas privadas de libertad no es un fenómeno aislado, sino parte integral del genocidio actual. Cuando el ministro de Defensa israelí califica a la población palestina de “animales humanos” no hace más que alimentar la deshumanización a todos los niveles: desde el Gobierno y el Ejército hasta las autoridades penitenciarias.
A las personas palestinas privadas de libertad, en particular, a las provenientes de Gaza, se les trata como animales. Los arrestos tienen lugar durante ataques a hospitales o centros médicos, en puntos de control instalados por el Ejército, o incluso durante emboscadas.
Por ejemplo, cuando las fuerzas israelíes ordenan la evacuación del norte de Gaza hacia el Sur, interceptan a las personas en tránsito y proceden a detenciones masivas, en las que comienzan a violar sus derechos. A las personas ─a veces de apenas 15 o 16 años─ se les separa por género, se les desviste y se les somete a registros corporales. Cuando corren con suerte, estos los realiza un militar de su mismo género. Con frecuencia recibimos testimonios de registros corporales humillantes llevados a cabo por una persona del género opuesto. A algunas de las personas detenidas se les obliga a desvestirse y a permanecer desnudas durante el traslado. Al llegar a la frontera entre Gaza e Israel, las personas se reagrupan y tienen que pasar varias horas sentadas sobre un suelo de grava, mientras son objeto de golpes e incluso de tortura. En ese punto, tiene lugar el primer interrogatorio, tras el cual se les traslada a los campos militares o a los servicios penitenciarios israelíes.
Para la mayoría de los habitantes de Gaza, el primer destino es un campo militar, gestionado no por la administración penitenciaria, sino por el Ejército y los servicios de inteligencia. El campo más conocido es el de Sde Teiman, ubicado en pleno desierto, donde las personas se alojan en una especie de contenedores.
Algunos testimonios mencionan jaulas en las que decenas de personas palestinas permanecen encerradas en condiciones inhumanas. Las personas privadas de libertad duermen en colchones muy delgados, carecen de ropa adaptada al frio y sufren de hambre, ya que solo se les brinda un poco de agua, y pequeñas raciones de pan y mantequilla de maní. Algunas han perdido hasta treinta kilos en cuestión de meses.
En las salas de interrogatorio, las personas palestinas son objeto de torturas físicas y psicológicas. Varios testimonios denuncian violaciones, amenazas de violación y agresiones sexuales por parte de agentes israelíes. Si las personas se niegan a hablar, se les amenaza con matar a sus seres queridos en Gaza. La privación de libertad en estas condiciones puede prolongarse durante meses sin que se presenten cargos formales. Cuando los servicios israelíes no logran encontrar ninguna información útil, las personas detenidas pueden ser devueltas a Gaza, o trasladadas a establecimientos penitenciarios oficiales como el de Ketziot, en Negey. Sin embargo, incluso en estas prisiones, las condiciones de vida siguen siendo alarmantes. Las personas palestinas se alojan en módulos separados y se han documentado algunos casos de tortura como exposición forzada a música a alto volumen, la presencia intimidante de perros militares durante los interrogatorios y la privación de alimentos. En algunos establecimientos, las autoridades israelíes impiden a las personas palestinas bañarse, lo que provoca la propagación de enfermedades, en ocasiones, mortales. Además, utilizan estas epidemias como pretexto para prohibir las visitas.
Salah Hamouri. Las personas palestinas privadas de libertad viven en las peores condiciones que hayamos conocido desde 1948. Su situación actual es el resultado directo de la inacción de la comunidad internacional, especialmente de Estados Unidos, la Unión Europea y otras potencias mundiales. Hoy en día, el pueblo palestino ha dejado de creer en el derecho y en las convenciones internacionales, ya que estos no se aplican por igual a todas las personas. Solo las relaciones de poder parecen capaces de detener lo que ocurre en Palestina.