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Fuente — Correio del Sur

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Bolivia: niños en las cárceles, un asunto difícil de resolver

Las normas establecen que los niños y niñas deben permanecer de manera prioritaria con el progenitor o progenitora que se encuentra en libertad, no obstante, si ambos están recluidos podrán mantenerse con la madre hasta los seis años.

De acuerdo con la normativa nacional, los menores de seis años pueden vivir en las cárceles de mujeres junto a sus madres, pero está prohibido que vivan en los penales de varones, aunque la realidad vulnera el Código del Niño Niña y Adolescente.

Según cifras oficiales, 615 menores viven en las cárceles del país. Las normas establecen que los niños y niñas deben permanecer de manera prioritaria con el progenitor o progenitora que se encuentra en libertad, no obstante, si ambos están recluidos podrán mantenerse con la madre hasta los seis años.

A partir de la promulgación del Código Niña Niño Adolescente (NNA) en 2014, queda terminantemente prohibida la presencia de menores en centros de adultos; sin embargo, a la fecha no se logró generar un programa de intervención que permita su retiro paulatino, pacífico y coordinado.

De acuerdo con Régimen Penitenciario, hasta febrero de este año, 615 menores de edad convivían con sus padres y/o madres en las cárceles del país; 420 en La Paz; 99 en Santa Cruz y 55 en Cochabamba; 550 niños son menores de seis años y 132 mayores de seis, quienes deben salir de las cárceles. Pero las cifras no oficiales siguen apuntando a un número mayor a 1.000 que viven expuestos a violencia física, emocional y psicológica.

Niños en cárceles de mujeres

La activista en derechos humanos Marisol Quiroga se plantea una interrogante al momento de analizar la situación de las mujeres madres en las cárceles en relación con sus hijos. “¿Por qué las mujeres están en las cárceles?”, cuestiona, para quien ahí está el origen del problema.

Sostiene que desde una perspectiva de derechos humanos el dilema no es sacar o dejar a los niños y niñas con sus madres, porque en ambos casos se violentan los derechos de los menores.

Si los dejamos ahí adentro los niños van a cumplir una pena privativa de libertad junto a sus madres, entonces, les estamos quitando el derecho a la libertad que ellos tienen. Si los sacamos y dejamos a sus madres ahí dentro, estamos rompiendo el derecho del menor a vivir con su familia, y ese es un derecho humano fundamental para el desarrollo de los niños“, asegura Quiroga.

Pero, además, afirma que el problema de fondo es que el Estado y la sociedad deben analizar soluciones para que las mujeres y sus hijos no estén en una situación de privación de libertad, más aún porque en la mayoría de los casos las mujeres están acusadas por delitos de bagatela como hurto sin agravante, deudas menores, la Ley 1008, delitos contra la propiedad, entre otros.

La profesional sostiene que esas mujeres denunciadas por delitos menores “no deberían estar privadas de libertad”, lo que exige un cambio en la forma de ver y encarar la problemática. “Veamos el principio de ponderación, ¿cuántos bienes jurídicos estamos vulnerando por una mínima cuantía?”, vuelve a cuestionar.

Reclama que la administración de justicia no aplique medidas sustitutivas a la detención preventiva como la detención domiciliaria o el pago de garantías que están vigentes en el país.

Menores de edad en las cárceles de varones

El Código del Niño Niña y Adolescente prohíbe la presencia de menores en los centros penitenciarios de varones, una disposición que no se cumple porque hay padres que tienen la tutela de sus hijos.

La norma es clara: “En forma excepcional, la niña o niño que no alcanzó seis (6) años de edad podrá permanecer con su madre, pero en ningún caso en los establecimientos penitenciarios para hombres”.

El argumento es que “en las cárceles de varones hay mayores niveles de vulnerabilidad. El Código es claro y nos dice que solamente las madres puedan vivir con sus hijos, (pero) también en las cárceles hay padres que por diferente circunstancias se han visto con la tutela y guarda de sus hijos”, dice Quiroga.

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