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Brasil: “Nadie se reconstruye en el infierno”

S. está preso en Brasil. En espera de su juicio por hechos cometidos en 2011, S. decidió presentarse voluntariamente ante las autoridades en marzo de 2017. Desde el 14 de marzo, S. está detenido en la prisión de Campinas, ubicada en el estado de Sao Paulo, de donde nos envía fotos (en pie de página) y nos cuenta lo que ve, lo que vive y lo que piensa. Relato.

— Publicado el 19 de julio 2017.

"Ahora no tengo ni idea de lo que haré cuando salga. Si no hubiera madurado, si no tuviera a mi familia y amigos, sin duda alguna, volvería a robar"

“No tengo ni idea de lo que haré cuando salga. Si no hubiera madurado, sin duda alguna volvería a robar. La prisión no rehabilita a nadie, solo sirve para empeorar las cosas, para llenarse más de ira y resentimiento”.

Les contaré todo desde el principio, desde mi llegada a la comisaría, hasta mi traslado a la prisión de Campinas (en el estado de Sao Paulo).

El pasado mes de marzo, me presenté voluntariamente ante la policía federal, aunque en mi expediente aparece que me detuvieron en la calle. Pasé 11 días en la comisaría. A veces éramos hasta 40 personas en una misma celda. Había solo un hueco en el suelo para hacer nuestras necesidades y nos daban de comer únicamente arroz. El 14 de marzo me trasladaron a la prisión de Campinas, un establecimiento que aplica un régimen semiabierto y es uno de los complejos penitenciarios más grandes de América Latina.

Normalmente, debía cumplir mi pena trabajando en el día y regresando a la prisión en la noche, pero las prisiones de Sao Paulo Capital estaban llenas y decidieron enviarme a Campinasn, donde tengo que pasar todo el día encerrado1.

Este establecimiento tiene 13 módulos y cada uno alberga alrededor de 200 reclusos. Algunos módulos están llenos, no hay celdas ni camas para todos. En el mío, por ejemplo, hay alrededor de 150 hombres que duermen en el suelo del locutorio —de a dos en un mismo colchón—.
Todos los días tenemos que levantarnos a las cuatro de la mañana para hacer la fila para el desayuno, que se sirve a las cinco. Este se compone de un trozo de pan y un café con leche. El almuerzo, que sirven a las 10:30, consiste en un poco de arroz con fríjoles, y a veces carne molida o pollo. Si queremos comer un algo dulce o un postre, tenemos que pedírselo a nuestros visitantes. La cena la sirven a las 15:30. A partir de esa hora, ya no comemos nada más hasta las 05:00.

Podemos salir de nuestra celda desde que nos levantamos, pero las puertas están abiertas entre las 07:00 y las 17:00. Podemos desplazarnos o hacer deporte pero a veces los guardias vienen a sacarnos de donde estamos sin que sepamos por qué. El conteo se hace todos los días a las 06:00 y a las 18:00. Tenemos que salir del módulo, sino corremos el riesgo de que nos envíen al pote (un calabozo de 2m2, completamente oscuro, en el que solo hay un hueco en el suelo para hacer sus necesidades).

El agua está disponible de las 04:00 a las 09:00. En la noche volvemos a tener agua durante 30 minutos, a veces una hora. Así que pasamos casi el día entero sin agua. Solo existe un suministro de agua del que podemos beber, pero siempre hay una fila interminable.

En mi módulo, hay un total de cuatro duchas de agua fría y una de agua caliente para cerca de 300 personas. A veces paso hasta dos días sin ducharme. Por lo general, me levanto, desayuno, o no, camino, converso con algunos amigos que me hice aquí, y eso es todo.
Antes, trabajaba en la cocina preparando la comida para los funcionarios de la prisión. Pero un día, al llegar al trabajo, ya no estaba mi tarjeta de empleado. Me dijeron que me darían otro trabajo pero hasta ahora, nada, sigo esperando.

Por cada tres días de trabajo nos reducen un día de la pena. También se supone que deben pagarnos algo, aunque no sé cuánto porque hasta ahora no he recibido nada. Aquí hay una escuela, pero hay demasiada genta y pocas plazas2. El funcionamiento es el mismo que para el trabajo, por cada tres días de estudio, un día de rebaja de pena.

Puedo disponer de un celular cada dos días, ya que lo compré por mitad con otro recluso. Me gustaría comprar uno para mí solo pero tendría que vender mi mitad y poner 600 reales más para poder pagarlo. Además, aquí un cargador cuesta 200 reales. Los días en que no tengo mi teléfono, es horrible. Por lo general paso el día acostado tratando de dormir pero pienso en la vida y no logro conciliar el sueño. Así que espero a mis tres o cuatro amigos. Ellos sí tienen un trabajo. Cuando llegan, conversamos un poco, hasta las 17:00 cuando cierran el módulo. Ellos se van para su sector y yo para el mío.

Me acuesto a eso de las 21:00, dependiendo si tengo mi celular o no. Ayer, por ejemplo, me dormí a la una de la mañana porque tenía mi celular. Mi prisión no es la peor. El Primer Comando Capital (PCC)3 tiene el mando aquí. Ellos establecen las reglas para que no haya confusiones o peleas, y sus reglas deben respetarse.

El PPC nos defiende, pero no debemos insultar o provocar a alguien, sino ellos vienen, “nos aclaran las ideas” y nos castigan.

Cuando recibimos las visitas no podemos estar sin camiseta, debemos bajar la cabeza cuando pasan los visitantes y no mirar a nadie a los ojos. Cuando mi padre viene a verme, mis amigos ni siquiera lo miran, excepto si los autorizo a venir y conversar con nosotros. Cuando son mujeres las que vienen de visita, es aún más estricto. En cuanto a los guardias, hay algunos que provocan a los reclusos y otros que son más tranquilos. Los guardias le temen al PCC y nosotros a los guardias, lo que instaura un cierto respeto entre los dos bandos. Si te quieres pasar de listo, te pueden llevar al pote (calabozo). Algunos guardias nos tratan como si fuéramos basura.
Yo pienso que está bien que el PCC lidere la prisión, ya que antes regía la ley del más fuerte y ahora reina la paz.

Muchas de las personas que están aquí deberían ser liberadas, pero como no tienen abogado que las defienda, tienen que permanecer encerradas. Yo fui condenado a tres años de prisión. Sin embargo, espero poder salir antes.
Sé que obré mal, pero no maté a nadie, no le apunté a nadie con un arma. Podría pagar mis errores de otra manera. Desde 2011 estuve libre esperando mi juicio. Había encontrado un trabajo, había abierto mi propio bar, y ahora lo he perdido. Ahora no tengo ni idea de lo que haré cuando salga. Si no hubiera madurado, si no tuviera a mi familia y amigos, sin duda alguna, volvería a robar. La prisión no rehabilita a nadie, solo sirve para empeorar las cosas, para llenarse más de ira y resentimiento. Nadie se reconstruye en el infierno.

S., para Prison Insider.


  1. S. debía trabajar en Sao Paulo, pero al estar encarcelado en Campinas, no dispone del tiempo necesario para realizar los trayectos. 

  2. S. empezó a estudiar el pasado 5 de junio, después de habernos dado su testimonio. 

  3. El Primer Comando Capital (Primeiro Comando da Capital, PCC) es una organización mafiosa brasileña muy poderosa en el ámbito carcelario. 

La prisión de Campinas: detrás de las paredes

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La prisión de Campinas: detrás de las paredes

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