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Brasil: tras los barrotes, esperando el amanecer

– Publicado el 9 octubre 2018

// Serie "Un día en prisión" (2)

En prisión los días transcurren uno tras otro pero no siempre de la misma manera; las condiciones de reclusión, el ritmo de las jornadas, la posibilidad de recibir visitas, tratamientos médicos, comida, o la asistencia de un abogado, varían considerablemente de un país a otro, e incluso, de una prisión a otra. Prison Insider publica testimonios de personas que han estado o están en prisión para permitirles compartir su experiencia. Estos testimonios llamados “Un día en prisión” traducen en palabras la difícil realidad del encarcelamiento en cualquier lugar del mundo.

Samuel, encarcelado en Brasil, nos cuenta cómo es un día en prisión.

Rápidamente, las luces se encienden, los reclusos se levantan, se ponen la camisa y el pantalón (a veces está prohibido usar bermuda), colocan sus manos tras la espalda y bajan la cabeza.

¡Todo el mundo de pie!

En la cárcel Evaristo de Moraes, hay más de treinta celdas separadas en cinco módulos, lo que representa más de 1800 reclusos. En cada celda hay 40 camas y más de 60 personas. Sin lugar a dudas, hoy será un día caluroso en Rio de Janeiro. Todos duermen excepto el recluso designado para vigilar la celda durante la noche, quien, junto a los barrotes, permanece atento a todo lo que sucede fuera; lo llaman “ligação”.

Mientras todo el mundo duerme, él vigila. Son apenas las 7:00 a.m. cuando grita: “¡Control, todo el mundo de pie, el guardia está en el pasillo!" Rápidamente, las luces se encienden, los reclusos se levantan, se ponen la camisa y el pantalón (a veces está prohibido usar bermuda), colocan sus manos tras la espalda y bajan la cabeza.

Al otro lado de los barrotes, en el pasillo, los guardias se preparan a abrir la puerta; solo uno de ellos entra para realizar el conteo. Verifica desde los sanitarios hasta los agujeros del suelo, buscando objetos escondidos, en vista de un posible ataque o intento de fuga. Mientras el guardia está dentro de la celda, su equipo lo espera al exterior, sin dejar de observar a sus ocupantes.

El conteo ha terminado. El número corresponde perfectamente al indicado en el cuadro. Todo está en regla. El silencio es obligatorio hasta que el equipo de retira de los pasillos. Una cortina de hierro se cierra tras ellos, los reclusos pueden comenzar su día.

El guardia cierra los candados; aquí estamos, encerrados de nuevo.

Un día como los demás

Abren el suministro de agua ─la administración penitenciaria termina por recordar que la necesitamos─, lo que sucede solo tres veces al día. Algunos reclusos regresan a dormir. Otros corren a las duchas, en las que se forma una pequeña fila. ¡Es toda una carrera! Llega la lista de reclusos convocados ante el juez. Otros tienen cita con el médico. Los últimos se preparan para ir a clase.

Son apenas las 11:00 a.m., los reclusos regresan de clase. Un pequeño carrito que trae decenas de recipientes con comida aparece en el corredor; el número de comidas distribuidas corresponde exactamente al número de reclusos de la celda.

Después del almuerzo, alrededor de la 1 p.m., se abre de nuevo el suministro de agua durante sesenta minutos.

Ahora es el turno del segundo grupo de reclusos de tomar su ducha antes de irse a clase. Con el agua que sobra, se limpian los sanitarios y la celda. La celda está limpia.

En la tarde, como a eso de las 4:00 p.m., el segundo grupo regresa de la escuela. Llega la cena. Cuando los reclusos han terminado de distribuirla, llega un nuevo equipo de guardias para realizar el último conteo del día. Los reclusos convocados por el juez, se cuentan aparte. El guardia cierra los candados; aquí estamos, encerrados de nuevo.

Pegado a los barrotes, un recluso lanza un pequeño paquete amarrado a una cuerda: el enlace comienza

La hora del enlace

El día está a punto de terminar, pero la prisión y las celdas siguen ahí. Los guardias salen del edificio, los reclusos permanecen encerrados. El agua hace su última aparición durante sesenta minutos. Pegado a los barrotes, un recluso lanza un pequeño paquete amarrado a una cuerda: el enlace comienza. Es por esta razón que al centinela lo llaman “ligação”. Es mediante este sistema que se comercializan las drogas, los cigarrillos, los snacks y todo lo demás.

Llega la noche. Los reclusos ven las noticias o las telenovelas. En prisión, disfrutamos las películas y las telenovelas… nos ayudan a pasar el tiempo. Son las 9:00 p.m., las luces se apagan. Algunos van a dormir y otros leen libros o revistas. Los que fueron convocados ante el juez, regresan. Es casi medianoche. Tras los barrotes, el “ligação” espera atentamente el amanecer para anunciar el conteo a sus compañeros. Un nuevo día comienza.


Samuel Lourenço Filho, para Prison Insider.

Traducido por Diana Giron
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