– Publicado el 19 junio 2018.

Brasil registra la tercera tasa de población carcelaria más alta del mundo. Renata Tavares da Costa trabaja como defensora pública en Río de Janeiro desde casi diez años. Este es su análisis sobre la situación y las prácticas penitenciarias que, en su opinión, son las causantes de la miseria que se extiende en las prisiones del país.

Se pueden pintar las celdas, poner estanterías para los libros, etc. Pero la experiencia del encarcelamiento es mucho más destructiva que el crimen.

Prison Insider. ¿Podría explicarnos en qué consiste el trabajo de defensora pública?

Renata Tavares da Costa: todos los tratados internacionales de derechos humanos garantizan que las personas enjuiciadas gocen de la defensa de un abogado de confianza. La convención americana va aún más allá, ya que obliga a los Estados a designar un abogado de oficio a las personas que no cuentan con un representante legal. Históricamente, los Estados americanos, sobre todo los de América Latina, se han asegurado de que las personas que no tengan los medios para costear los gastos de su propia defensa, obtengan asistencia jurídica gratuita de letrados competentes.
En Brasil, por ejemplo, esta asistencia, cubierta por el Estado, es tarea de la Defensoría, una institución autónoma, como el Ministerio Público y el Poder Judicial, que dispone de un presupuesto propio y de profesionales de Derecho, que han pasado un concurso público.


PI. ¿Qué prácticas se llevan a cabo en las cárceles de Brasil?

RTC: las cárceles de Brasil son las nuevas casas de esclavos, los senzalas. Brasil es fruto del genocidio de un grupo de personas: la población negra. Anteriormente, existían las grandes casas en las que los blancos gozaban de todas las comodidades, y tenían una vida feliz y sana, a expensas de lossenzalas, afrodescendientes sometidos a la esclavitud. Desde ese entonces, ese grupo de personas vulnerables ha sido oprimido; antes por la esclavitud, y ahora por un sistema penal manejado principalmente por hombres blancos y heterosexuales. La pobreza es otro parámetro importante.
Al asociar la idea de raza, clases y género, los actores del sistema determinan qué personas podrán o no beneficiarse de la justicia, en función de la categoría a la que pertenecen. De este modo, es fácil entender cómo la aplicación de la ley fabrica la tercera población carcelaria más alta del planeta1.

Este es el panorama de las cárceles brasileñas, con su encarcelamiento masivo, su falta de agua, sus alimentos caducados, etc.

La falta de acceso a las necesidades más básicas genera un nivel de violencia y de estrés inconcebible que favorece la creación de grupos criminales que se toman el control de los lugares.


PI. ¿Opina que el sistema penitenciario ha cambiado durante los últimos años?

RTC: Creo que ha habido una regresión. La prisión es la prisión. Se pueden pintar las celdas, poner estanterías para los libros, etc. Pero la experiencia del encarcelamiento es mucho más destructiva que el crimen. Brasil encarcela mucho y encarcela mal.


PI. ¿Ha presenciado en prisión algún hecho que la haya marcado?

RTC: lo más impactante que he visto en estos ocho años como defensora pública es la separación de una madre y su hijo. Un día, una reclusa recibió la visita de su hijo de tres años, acompañado por su abuela. De repente, un guardia llamó a la madre y ella tuvo que regresar. Su hijo corrió llorando tras ella. Yo empecé también a llorar. Ningún delito que haya cometido esta mujer ha podido ocasionar tal sufrimiento. Aún lloro al pensar en ellos.


  1. Según World Prison Brief, los países con los índices más altos de encarcelamiento son Estados Unidos con 2 121 600 reclusos (en 2014), China con 1 649 804 (en 2014) y Brasil con 682 901 (en 2016). 


Declaraciones recogidas por Camila Guedes
Traducido del portugués por Joanna Gherardi