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Marcello dell'Anna – En prisión de por vida (VI)

MARCELLO DELL'ANNA ha pasado la mayor parte de su vida en prisión. Con 23 años fue condenado a la ergastolo ostativo (cadena perpetua sin posibilidad de revisión), cuando era uno de los jefes de la Sacra Corona Unita (mafia italiana de la región de Apulia).

Marcello dell'Anna ha aceptado mantener un intercambio epistolar con la periodista suiza Laurence Bolomey así como la publicación regular de sus cartas en la web de Prison Insider.

En cambio, yo le pido a Dios tener mejor suerte, y espero que así sea, aunque no me lo crea ...

La carta de Marcello para Laurence — 4 de mayo de 2017

Hola Laurence,

Nuestros correos se han cruzado. Trataré de escribirte con más frecuencia para que no te preocupes si alguna carta no te llega a tiempo. Escribiré más a menudo porque las personas que considero cercanas a mí, como tú, se merecen todo mi afecto y mi atención.

No voy a buscar excusas ni justificaciones tratando de explicar la demora entre tus cartas y las mías. Es que he pasado por un período difícil. Como bien sabes, no es sencillo afrontar día tras día mis condiciones de vida, las condiciones de una persona privada de libertad, privada del aire que le da la vida, aunque continúe mi lucha contra la pena sin fin y sin tiempo.

No obstante, resisto, querida Laurence, aunque el paso del tiempo en la cárcel me persigue, me alcanza y me hunde. Pero no cedo; puedes estar tranquila. Y si creyeras que la cárcel podría ser el lugar por excelencia en el que poder vivir sin ser prejuzgado, estarías totalmente equivocada. La cárcel es la personificación misma del prejuicio.

Acabo de terminar de leer La balada de la cárcel de Reading1, la magnífica obra de Oscar Wilde, y puedo decirte que se trata de uno de los libros que mejor describe la vida de los reclusos y su desesperanza. Este gran poeta, muchos años después de su estancia en prisión, e incluso tras su muerte, seguía portando la deshonrosa marca que la justicia del puritanismo victoriano le había impuesto.

En cambio, yo le pido a Dios tener mejor suerte, y espero que así sea, aunque no me lo crea. En La balada, el autor señala que "los remordimientos tenaces y los sudores de sangre, nadie los conoce como yo: porque aquel que vive más de una vida, también debe morir más de una muerte" (traducción literal del texto en francés, N. del T.).

Y en la Balada de mi prisión, que frecuento desde hace tantos años, añadiría (parafraseando a Gabriel García Márquez) que “he aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo cuando ha de ayudarle a levantarse”, antes que dejarlo morir lentamente en una cárcel, imponiéndole una pena de muerte en vida, tal como es la ergastolo ostativo italiana.

Querida Laurence, siempre he afrontado cada paso de mi encarcelamiento, y si he conseguido seguir adelante y superar la adversidad, se lo debo a tantas personas que, como tú, no me han dejado solo.

Estoy orgulloso y satisfecho de mi trayectoria, de mis victorias, de haber madurado profesionalmente. Estoy orgulloso de mis dificultades cotidianas, de no buscar rodeos. Estoy orgulloso de la persona en la que me he convertido y de la vida que puedo contar...

“... y cuando encuentras el valor para contar tu historia, todo cambia. Porque en el momento en el que la vida se vuelve historia, la oscuridad se vuelve luz y la luz te indica el camino (traducción literal del texto en francés, N. del T.)” - Rosso Istanbul (película de Ferzan Özpetek).

Marcello


  1. en francés : La Ballade de la geôle de Reading 

La naturaleza humana no siempre es bella aquí fuera, ni mucho menos, pero puede convertirse en algo horrible cuando se está encerrado entre cuatro paredes.

La carte de Laurence para Marcello — 10 de julio de 2017

Ciao Marcello,

Dejemos de disculparnos por la tardanza. ¿No conseguimos escribirnos todos los meses? Pues, no pasa nada. Lo importante es mantener el contacto. Tal vez debería volver a acostumbrarme al ritmo de la correspondencia epistolar. Con los correos electrónicos todo va rápido. Escribimos más rápido y quizá reflexionemos menos.

**Al leerte, tengo el sentimiento de que la cárcel hace que todo sea "demasiado". De lo que entiendo por lo que escribes, la cárcel es como una imagen deformada, desmesurada, que hace que todo sea “más intenso” que en el exterior.

La naturaleza humana no siempre es bella aquí fuera, ni mucho menos, pero puede convertirse en algo horrible cuando se está encerrado entre cuatro paredes. Sin embargo, así quizá la fuerza de algunos (la tuya, por ejemplo) pueda llegar a ser más grande y tus pensamientos más profundos. ¿Me equivoco? Te mando ya mismo esta carta, aunque breve, porque ya he tardado mucho en responderte.

Laurence

Cada uno de nosotros, tú, yo, las personas que nos rodean, todos necesitamos palabras que nos reconforten, que alivien nuestro abatimiento y malestar, que le den aliento a nuestra alma.

La carta de Marcello a Laurence — 19 juillet 2017

"No puedo confiar en el destino, dado que no hay ningún futuro previsto para mí. Tampoco puedo tener un pasado, porque este pasado debe olvidarse. Se me ha ofrecido un presente confuso, con el que me es difícil interactuar y sobre el que no tengo la más mínima oportunidad de decisión, porque igualmente, el espacio temporal en el que vivo se define como «un invisible matiz de la nada» y esto no es ningún eufemismo."

Ciao, querida Laurence,

Recibí tu agradable carta hace unos días, mientras guardaba cama por culpa de una fuerte fiebre. No se trata de ninguna enfermedad ligada a una patología, en mi opinión, se trata más bien de una "fiebre de prisión". Se dice que la pena nos hace enfermar. No, ni bromeo, ni es un exceso de reflexión. Algunas mentes ilustres han explicado que las condenas de larga duración pueden presentarse como sanción, una "respuesta médica" ante la carnicería de tormentos, como una "pena quirúrgica", porque amputa y se lleva consigo parte de nuestras vivencias, nuestra salud, nuestra personalidad, parte de las funciones psicológicas básicas para el desarrollo de una persona... Quienes se ven obligados a soportar el sufrimiento de una larga reclusión, siempre ven reducida la calidad de sus vidas.

Pero volvamos a tu carta, tu preciosa y amable carta. No importa que estés acostumbrada a escribir e-mails, atrapada en el frenesí de los tiempos que corren, en los que todo se dice y hace rápido, en los que mandan WhatsApp, Mail, Facebook o Twitter. Lo esencial, fundamental, para mí es que puedas escribirme, aunque sea de manera telegráfica. Lo que importa no es la forma, sino el fondo. No se trata de la cantidad de palabras escritas, sino de su calidad, ya que, a veces, una sola palabra puede tener la fuerza necesaria para pulverizar una roca de granito.

Cada uno de nosotros, tú, yo, las personas que nos rodean, todos necesitamos palabras que nos reconforten, que alivien nuestro abatimiento y malestar, que le den aliento a nuestra alma.

En ese cemento de inmovilidad, me has tendido la mano, me has lanzado pequeños salvavidas en forma de palabras en las que se derriten las dudas y tristezas, palabras que en mis paredes van dibujando pequeños arcoíris que unen las orillas de nuestros mundos: el tuyo, un mundo libre; el mío, recluido tras estos muros.

A veces, la vida nos disuelve en meandros vacíos. Pero la fuerza de nuestra alma siempre debe permanecer inmutable. Lo sé, no siempre basta con transformar en realidad nuestros deseos y nuestras intenciones. Soy el primero que entrevé las discordancias que pueden existir entre el pensamiento y los hechos. Fisuras difíciles de "colmatar".

No olvides que la realidad de cada uno de nuestros días toma la forma y el significado que nosotros queramos atribuirle. Solo la fuerza de nuestro pensamiento puede convertir el hierro en oro.

Me doy cuenta de que simplemente somos seres humanos, frágiles, que la vida a menudo toma caminos no deseados, como si alguien moviera los hilos por nosotros. Nos convertimos en marionetas, atadas de pies y manos, actuando en un espectáculo que no hemos elegido.

A partir de ese momento, la alternativa que nos queda es… o bien acurrucarnos en el escenario, convertirnos en una maraña deforme de hilos y pequeños trozos de madera, o bien adaptarnos al movimiento con el que nos dirige el marionetista y lograr que cada desgarro sea un paso de baile hacia delante.

Como ves, me doy ánimos a mí mismo, como un hombre estúpido, consciente, que no ve nada elevándose en el cielo. Tanto esfuerzo sin resultados tangibles. Tal vez, como ya te había dicho antes, nosotros somos quienes debemos darle sentido a nuestro día a día.

En definitiva, escribir un diario, a sabiendas de que cada día debes contar lo vivido, podría llevar al autor a edulcorar o manipular la realidad. Así, considero que nuestra correspondencia es mucho mejor que un diario, porque todo lo escrito surge directamente del corazón y tiene el poder de trasladar los lectores hasta mi celda. Así de sencillo. Nuestras cartas son un diario de la vida, en la que las almas más luminosas siempre se encuentran.

Bueno, aquí concluyo mis reflexiones matutinas, si no, no acabaría nunca; así que termino, esperando leerte pronto.

Besos.

Marcello

— Publicado el 13 noviembre 2017.


Marcello dell'Anna, en prisión de por vida

• Leer la primera carta de Marcello a Laurence.

• Leer la segunda carta de Marcello a Laurence.

• Leer el intercambio de correspondencia entre Marcello y Laurence.

• Leer la tercera carta de Marcello a Laurence.

• Leer la cuarta carta de Marcello a Laurence.

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