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Kwakya // 1 // En camino...

Publicado el 3 enero 2018

Kwakya1 es un refugiado ghanés. Hace cuatro años huyó de su país. Su viaje le hizo pasar por Hungría, donde fue arrestado por la sola razón de no tener papeles. Seis meses de prisión en condiciones que él considera inhumanas. Kwakya sufre de no ser considerado como una persona. Para Prision Insider nos relata su experiencia.

Prison Insider organiza la publicación de una serie de testimonios de migrantes que llegaron al final de un viaje que los condujo por la prisión. Nuestra intención es reflejar el hecho que el encierro está cada vez más presente en trayectos de migración que enfrentan muros, barreras, centros de retención, e incluso la prisión.

Fotografía por Ben Art Core


  1. El nombre ha sido cambiado. 

Los policías se reían, nos ordenaron sentarnos en el suelo, nos esposaron a todos y a todas excepto a los niños.

El arresto

Éramos un grupo de treinta personas, había gente de muchos países: Afganistán, Pakistán, Ghana, etc. Nos encontrábamos en un pueblo en dirección de la frontera serbia, eran casi las dos de la mañana, de repente llega la policía. Creo que alertados por los vecinos, al entrar en aquel pueblo los perros habían comenzado a ladrar. Cuando la policía llegó, uno de nosotros trató de huir, pero los perros policías lo atraparon. Vi que le mordieron, fue horrible, vimos sus brazos y pantorrillas en carne viva. Los policías se reían, nos ordenaron sentarnos en el suelo, nos esposaron a todos y a todas excepto a los niños. Fueron muy bruscos, no nos respetaron, nos maltrataron, nos abofetearon, para después llevarnos al puesto de policía.

Pasamos dos días en una celda sucia y fría. No nos ofrecieron mantas y nos dieron de comer sólo un pequeño sándwich. Nos quitaron todos los objetos de valor, se llevaron mi teléfono móvil y no me lo devolvieron. Nos tomaron nuestras huellas digitales para registrarnos según el acuerdo de Dublín. En la Oficina de Migraciones me hicieron muchas preguntas. Yo les conté todo.

El objetivo era decidir si debía ser expulsado o encarcelado. Finalmente decidieron que debía ir a prisión, no me dieron explicaciones, debí firmar un documento que no entendí porque no estaba traducido, ni siquiera en inglés. Y firmé.

Algunas noches, me levantaba con sangre por todo el cuerpo.

La prisión

Nos condujeron a la prisión de Debrecen. Cuando llegamos los policías nos vieron y se rieron, nos pidieron desnudarnos y acostarnos en el suelo, después nos dieron otra ropa. Allí también nos robaron, yo había intentado esconder cien euros, pero los encontraron y me los quitaron. Me dijeron que se los quedarían para ellos. La celda estaba prevista para seis personas, equipada con seis camas, pero nosotros éramos diez. Algunos, los recién llegados, debían dormir en el suelo. Los que habían llegado antes disponían de una cama, aquí teníamos mantas pero estaban muy sucias y llenas de pulgas. Algunas noches, me levantaba con sangre por todo el cuerpo. Un día una pulga entro en mi oreja y pedí varias veces ver a un médico pero nunca aceptaron. Más tarde, cuando llegué a Francia, fui al hospital y me diagnosticaron una fuerte infección en el oído… En prisión, nadie se preocupaba por nuestra salud.

Vi a un hombre con serios problemas de la piel. No podía ni siquiera sostenerse sobre sus piernas y dormía todo el día. Los vigilantes nunca se interesaron por él. Unos días después de mi llegada, murió.

Los policías eran realmente violentos, nos golpeaban a menudo. Una vez, maltrataron a un hombre afgano, le pegaban por todos lados y muy fuerte, perdió todos sus dientes. Cada vez que los policías veían a una persona negra, escupían al suelo. Una vez, un policía, me escupió a mí. Todos los días eran así, les veíamos hablar en grupo, no entendíamos las palabras, pero sentíamos el odio.

En la prisión, estábamos separados de los reos húngaros. Solo nos cruzábamos cuando salíamos a caminar y ellos entraban, al vernos reían y gritaban. Eran tan violentos como los policías.

La liberación

Los policías nos dijeron que, para ser liberados, debíamos pagarles 1500 euros. No era legal pero ellos hacían dinero de esa forma. Aquellos que podían pagar eran liberados, yo no tenía dinero, no pude pagar, me quedé seis meses en prisión. Un día los agentes de las Naciones Unidas descubrieron las condiciones de encarcelamiento en Hungría y particularmente las nuestras. Los agentes presionaron al gobierno húngaro, fui liberado y tuve que ir a un campo de refugiados al lado de la prisión. Me quedé allí dos días y me escapé.


Entrevistado por Mattéo Giouse

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