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Sudáfrica : economía de las visitas

— Publicado el 19 Octubre 2017.

Condenado en 2005 a 18 años de prisión en Sudáfrica, Derrick Thulani Ndlovu fue liberado en 2014. De la detención preventiva en la prisión Boksburg, al complejo penitenciario de Sun City, donde ejecutó la mayor parte de su sentencia, Derrick nos cuenta, a través de sus recuerdos de visitas, un poco de la forma en la que todos, presos como allegados, de cada lado de los barrotes, ven el encierro.

(Photo Lindsay Mgbor/Department for International Development)

Para los reclusos que tienen audiencia en un tribunal específico, los días de visita son de lunes a viernes; son separados en función del tribunal ante el cual pasan. Para mí era el martes. Fue difícil para los miembros de mi familia, porque significaba que tenían que pedir permiso en el trabajo, cosa que no podían hacer todas las semanas.

Entonces se iban del trabajo sin permiso y tomaban el riesgo de perderlo.

Había que organizarse en función a todo esto, y por eso fue muy molesto para mi novia cuando los supervisores no la dejaron entrar con la leche en polvo. Esto significaba que debía volver la semana siguiente, cuando ella ya se había organizado de otra manera. Y ya se había perdido muchos días de trabajo. En ese tipo de momentos, me sentía muy mal, sabía que estaban creándole problemas a mis seres queridos y estaba enojado conmigo mismo por estar en esta situación.

No todos tenían la suerte de recibir visitas todas las semanas. En cambio, las familias de algunos prisioneros venían a verlos durante las audiencias ... y esto podía tomar un mes, seis meses, o incluso más.

La otra opción que me quedaba era comprar una visita

La economía de las visitas

Si alguien viola las reglas penitenciarias (riñas, apuñalamiento, posesión de teléfonos celulares, otro contrabando), son enviados al régimen de aislamiento y no pueden recibir visitas por hasta 41 días: y es en la puerta donde dicen a los familiares que no podrán ver su ser querido porque está en aislamiento.

A uno puede que lo cambien de grupo dependiendo de la gravedad de la ofensa que cometió.

Una persona por ejemplo puede que la asignen al grupo D, donde a los presos no pueden recibir visitas por un cierto lapso de tiempo, hasta seis meses me parece.

Luego, en el grupo C, las visitas son una vez al mes, a través de una ventana. Luego se pasa al grupo B, donde las visitas siempre se realizan también a través de una ventana, dos veces al mes y también durante seis meses. Este período ser extendido si los guardias consideran que la persona no se ha comportado bien.

Nuestros familiares tenían -y todavía tienen- que pagar sumas exorbitantes en el quiosco de la prisión. Los precios cambian todos los días de acuerdo con la ganancia deseada. Había muchas irregularidades: para el mismo producto, a veces era necesario pagar dos o hasta tres veces el precio que se exigía en el exterior. Se supone que el dinero que sale del kiosco se usa para programas recreativos, para comprar tableros de ajedrez, balones de fútbol, voleibol y otras cosas para que los presos puedan realizar actividades. Pero en realidad, los clubes deportivos a los que pertenecen los guardias son los que recuperan el dinero y se lo reparten; y los presos se quedan sin nada que hacer.

Cuando finalmente lográbamos ver a nuestras familias, para el grupo A, los que tienen derecho a tres visitas, éstas duran entre tres cuartos de hora y una hora. Al comienzo del mes, más o menos una hora, pero a final de mes son más bien 45 minutos, para permitir que entre el mayor número de personas. Pero los guardias no comunicaban esto claramente; y si nos quejamos de algo, el personal nos pone enseguida en nuestro sitio.

Una vez, mi novia tenia problemas y necesitaba hablar conmigo. Solicité que me acordaran dos visitas con ella, pero ese mismo mes ya había pedido pasar más tiempo con mis primos; así que no era seguro que accedieran a mi petición. La otra opción que me quedaba era comprar una visita; y se la compré al preso que trabajaba en las visitas. Entré a la sala de visitas sin entregar mi tarjeta de recluso: es ella quien indica que estoy allí, y eso permite a los supervisores controlar cuando dura una visita. Me quedé una hora y luego di mi tarjeta para que se la entregaran a los guardias, como si acabara de llegar. De vuelta al pabellón, fui a ver al tipo que me vendió la visita y le di 20 Rands.

En el área reservada a los condenados, los días de visita eran los fines de semana y los días feriados. Para los grupos B y C, las visitas duran 30 minutos y no se les permite contacto físico.

Treinta minutos es realmente poco cuando tienes cosas que decir, y hay tanto ruido. Se tiene que repetir todo varias veces; hay que hablar rápido, e incluso así, siempre hay cosas que no logramos tener el tiempo de decir.

Cuando estaba en espera del juicio, era lo mismo. A veces los altavoces no funcionaban y había mucho ruido; al final, terminábamos recogiendo los paquetes que nos habían traído y nos despedíamos, frustrados, decepcionados y enojados… pero no había nada que pudiésemos hacer.

Nuestros parientes venían todas las semanas para traernos un cambio de ropa, además de alimentos, productos de higiene ...

“¿Qué va a hacer tu chicuelo con eso?”

Llevábamos nuestras propias prendas, y no teníamos derecho a poseer más de dos atuendos. Nuestros parientes venían todas las semanas para traernos un cambio de ropa, además de alimentos, productos de higiene ...

La comida era mala, por lo que siempre era mejor poder obtener cereales del exterior. No siempre fue fácil. Por eso mi novia me había traído los tres paquetes de leche en polvo con cereales. Los guardias simplemente decidieron que había traído demasiad;
"¡Qué niño mimado! ¿Qué va a hacer con todo esto?”, eso dijeron los guardias, en estos términos.

Otra vez, fue mi tío quien me había traído cuatro tubos de crema alcanforada. ¡Esa cantidad me hubiese podido durar un año! Pero nuevamente, solo le permitieron ingresar dos. En vano les explicó que no venía a verme a menudo, y que yo haría durar las cremas pero ¡no quisieron oír razón!

Y hay más... En 2010, me inscribí en un curso de computación en un curso de informática a distancia. Para estudiar necesitaba una computadora. En ese momento, no había sala de informática en el Centro, y no apostaría a que ahora tengan una, por cierto. Por lo tanto, se nos permitió tener nuestra propia computadora si teníamos el certificado de inscripción. Las instrucciones eran dadas por voz y por lo tanto, debíamos tener auriculares o altavoces. Un amigo mío, que estaba libre, tenía una computadora con pequeños altavoces, y se ofreció a dármelos.

Mi tío vino a traerlos. Pero el supervisor de ese día era un supervisor que veía con disgusto todo lo que estaba relacionado con la educación de los prisioneros, especialmente si tenía que ver con la informática.

Él rechazó los altavoces, diciendo que sería mejor comprar auriculares, porque los altavoces no estaban permitidos. Mi tío tuvo que comprar los auriculares, y tuve que llamarlo para que viniera un día en el que el supervisor no estaba de servicio. Todo eso representa muchos viajes innecesarios para mis familiares y era muy frustrante.

Pero fue una situación vergonzosa para los familiares, que había traído productos comprados con el dinero que ganaban trabajando duro

Distancia, humillación y reglas cotidianas

Para los familiares, incluso una vez que sabían cuándo venir, aún no era fácil. Los que venían a verme tenían que tomar dos o tres taxis diferentes para llegar a Johannesburgo y luego al complejo penitenciario de Boksburg. Boksburg, estaba realmente lejos; les había dicho que no vinieran a verme, dado que me iban a transferir pronto, pero mis abuelos vinieron tres veces durante los dos años y ocho meses que estuve allí. Era muy triste porque significaba que tenían que pasar el día en la carretera, para llegar a la prisión y partir no mucho después.

En Sun City era aún peor: la prisión es enorme, hay tres áreas diferentes para los condenados. Cuando no hay muchos visitantes, solo un autobús los lleva desde la puerta hasta los tres centros.

Lleva algo de tiempo llegar al Centro C, que es el último. Y una vez que se llega allí, hay que esperar para ser llamado, lo que puede demorar dos horas. A fin de mes se esperar aún más: la cola en la puerta es interminable, hay que esperar dos horas y luego dos horas más adentro.

También están las requisas.

Una vez, mi novia se quejó de la humillación que representaban, especialmente para las mujeres. Las requisaban tocándole los senos, sus partes íntimas, casi hasta el punto introducir sus dedos.

Pasaba sobretodo si habían confiscado objetos prohibidos ese día, entonces se ponían a registrar por todos lados. En otras ocasiones estaban más relajados y se contentaron con mirar rápidamente.

Un día prohibieron los cosméticos en botellas grandes; decidieron que había que traerlos en pequeños recipientes redondos para que los supervisores pudieran introducir los dedos y tocar lo que había dentro, dado que el día anterior alguien había tratado de introducir hierba dentro de un recipiente. Por supuesto entiendo que los guardias estaban haciendo su trabajo, pero fue una situación vergonzosa para los familiares, que había traído productos comprados con el dinero que ganaban trabajando duro, con honestidad, y que tuvieron que irse sin poder entregárnoslos.

Recuerdo que mi novia estaba aterrorizada la primera vez que vino, temblaba

La prisión desde afuera

Y luego está la forma en que nuestros seres queridos perciben la prisión. Recuerdo que mi novia estaba aterrorizada la primera vez que vino, temblaba; y cuando yo sonría, se veía confundida y al mismo tiempo aliviada. Me preguntó cómo podía estar tan relajado allí, con todas esas personas aterradoras, criminales y guardias. La tranquilicé, le dije que no era tan malo como parecía, que conocía muchos tipos en esa prisión. Conseguí calmarla un poco así. También recuerdo que, como era la primera vez que venia, no había podido decirle lo que estaba permitido traer o no, así que me trajo comida preparada, un KFC...

Para mi tío, fue muy traumático porque todo le recordaba el tiempo que pasó en prisión durante el apartheid. Estaba preocupado por mí, me preguntaba sobre la violencia dentro de la cárcel, ya que durante los años que el estuvo preso, e incluso aún hoy pero menos, la prisión de Johannesburgo era conocida por su grado de violencia.

Y vi que no me soltaba la mirada, buscando rastros de golpes y morados. Charlamos un rato y terminó relajándose y riendo conmigo.

Y también tuve un amigo y uno de mis tíos que me dijeron que harían lo que fuera necesario para ayudarme mientras estaba en prisión, pero que no pondrían un pie dentro de ella, porque les daba demasiado miedo. No intenté hacerlos cambiar de parece; acepté eso y nunca entraron, pero cuando necesitaba algo, se los pedía y ellos me lo enviaban, por correo o de otra manera.

Zonk'izizwe Odds Development (ZOD)

Zonk'izizwe Odds Development es una ONG fundada por Derrick Thulani y compañeros detenidos o ex detenidos con el objetivo de retribuir a la sociedad, mediante el uso de las habilidades y las calificaciones que adquirieron en prisión. Zonk'Izizwe Odds Development tiene como objetivo crear la plataforma para ex detenidos que dé visibilidad a sus habilidades, talentos y calificaciones.

Para ponerse en contacto con Derrick Thulani o obtener más información sobre Zonk'izizwe Odds Development, visite su página de Facebook o envíele un correo electrónico a: derrick.maziwa@gmail.com.

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