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Contribuidor(es)La Liga Camboyana para la Promoción y la Defensa de los Derechos Humanos (LICADHO)

Vida cotidiana

En enero de 2013, la LICADHO registró imágenes de un módulo con 12 celdas del mismo tamaño en las que se alojaban entre una y doce personas. La celda individual, en este caso, se había asignado a un recluso favorecido por motivos financieros y no de seguridad.
La mayoría de las 12 celdas de este módulo mantienen un promedio de siete internos

Con 5.46 m2 por celda, se proporciona sólo 0.78 m2 por persona.

Por la noche, sólo dos o tres reclusos duermen concretamente en estas celdas, el resto duerme en los pasillos de los pabellones. Las autoridades penitenciarias dijeron a la LICADHO que sólo a los presos de bajo riesgo se les permite dormir en los pasillos. Sin embargo, se ha informado que en numerosos establecimientos, los internos, independientemente de su nivel de seguridad, pueden pagar para dormir en los pasillos, donde en general hay más flujo de aire y luz natural.    

Algunas instalaciones tienen “celdas VIP” para aquellos reclusos que tienen buenos contactos o la capacidad de pagar por una celda individual. La LICADHO ha recibido informes de presos que pagan hasta $2000 para ser transferidos a una celda o establecimiento diferente.   

En muchas prisiones, los reclusos han denunciado tener que pagar por el suministro de electricidad en su celda. En la prisión CC1 de Phnom Penh, los reclusos pagan a las autoridades hasta $200 mensuales por tener ventiladores de techo e iluminación. Según se ha informado, el precio se elevó de $150, tras la reciente instalación de ventiladores de techo más grandes.   

“Compartí una celda con otras 70 mujeres. Como recién llegada, sin dinero, tuve que dormir en el suelo de cemento con otras 20 personas. Cada uno tenía alrededor de 0.5 m. de ancho para dormir, así que siempre teníamos que dormir de lado. No había espacio para moverse y si lo hacías, chocarías a tu vecino. Por la noche, la gente me pisaba cuando iba al baño. Aquellos que dormían en la plataforma elevada pagaban $20 o $30 para hacerlo”.

Sok y Socheat permanecieron encarcelados, sin juicio, durante quince meses, acusados de uso de violencia, una acusación que ambos negaron. Dormían en el suelo en celdas de 4x5 m. con otras 20 personas.

Solo los presos más pobres en Camboya sobreviven únicamente con la comida y agua que se les proporciona en los establecimientos penitenciarios. Los que se lo pueden permitir, compran comida adicional para complementar su dieta, mientras que otros dependen de las donaciones de sus visitantes. Para poder recibir estas donaciones, los reclusos, a menudo, tienen que pagar más dinero o dar un porcentaje a los guardias de la cárcel.   

En abril de 2015, cuando se dispara la temperatura, la cárcel Prey Sar de Nom Pen sufre de escasez de agua por varios meses. Un preso declaró a la prensa que la prisión estuvo sin agua durante casi nueve meses, y que el personal y los reclusos con contactos sacaron provecho de esta escasez subiendo los precios del agua embotellada que se suministraba a la prisión. Aunque los reclusos ya tenían que pagar por el agua potable, el aumento de los precios, desde la rotura de la tubería que cortó el suministro principal de agua el año pasado, ha provocado que algunos internos ya no puedan siquiera pagar por sus necesidades básicas.”   

El calor extremo que estamos experimentando conlleva un serio riesgo para la salud, especialmente para los reclusos ancianos y pobres que no pueden costear diariamente suficiente agua.1   

Si bien el régimen alimentario no se ajusta por motivos religiosos o de salud, los reclusos tienen permitido cocinar sus propios alimentos. Las comidas se sirven generalmente a las 10:30 am y las 4:30 pm.

1:Phnom Pen Post

Las instalaciones de salud en los establecimientos penitenciarios son inadecuadas y con pocos recursos. En algunas prisiones, no hay puestos de salud de ningún tipo. Las instalaciones que existen, por lo general, carecen de medicamentos o de equipamiento adecuado y, con frecuencia, el personal sólo posee un entrenamiento básico y no una formación médica apropiada.   
Muchos puestos de salud penitenciarios carecen de privacidad, y poco se hace para garantizar que las consultas médicas se lleven a cabo de forma totalmente confidencial.   

En teoría, todos los reclusos deben recibir un examen médico apropiado al momento de su ingreso, así como atención médica gratuita y tratamientos, cuando sea necesario. Sin embargo, muchos de los nuevos reclusos no reciben este tipo de examen y tampoco se procede de manera general a una detección de enfermedades transmisibles, como por ejemplo la tuberculosis. Entre las enfermedades más comunes identificadas en los establecimientos penitenciarios de Camboya, además del resfriado común, se encuentran: el beriberi, la astenia, la dispepsia, la gastritis y la hipertensión.   

Los reclusos declaran que no se les brinda un tratamiento adecuado y que por lo general se les prescriben analgésicos sin tener en cuenta su real problema de salud. La LICADHO ha recibido algunos informes alarmantes que indican que la atención médica y los medicamentos se suministran únicamente a los internos que pueden pagar por ellos. Muchos dependen de los medicamentos que les proveen regularmente sus allegados, pero a menudo también deben pagar para poder recibirlos.   

Las mujeres embarazadas, las que recientemente han dado a luz, o incluso los bebés no reciben atención médica o asesoramiento especializado.  

La LICADHO cree que la negación deliberada o negligente de atención médica adecuada y oportuna en el sistema carcelario de Camboya ha ocasionado varias muertes de reclusos. Aquellos con graves problemas de salud suelen ser transferidos demasiado tarde a los hospitales, ya sea porque la condición no fue reconocida a tiempo o porque fue ignorada, mal diagnosticada o mal atendida.    
La LICADHO se preocupa particularmente por el elevado índice de muertes entre los jóvenes internos que no presentaban problemas de salud aparentes antes de su encarcelamiento.

La disponibilidad de recursos y actividades depende de la estructura, ubicación y tamaño de la prisión. Algunas cárceles, como la CC4, tienen grandes programas de trabajo, mientras que otras, como la de Siem Reap, dependen de las ONG que proveen gran parte de la formación, actividades recreativas y oportunidades de trabajo. Por otro lado, en las instalaciones del centro penitenciario temporal de Oddar Meanchey, las actividades son inexistentes y a la gran mayoría de los reclusos ni siquiera se les permite salir de sus celdas para hacer ejercicios básicos al aire libre.

Mientras que algunas prisiones disponen de actividades recreativas y oportunidades de formación profesional, a menudo éstas se ofrecen a sólo unos pocos privilegiados y, a veces, sólo por una tarifa.

Las nuevas leyes introducidas en el año 2012 prohíben recurrir al trabajo penitenciario para la producción de bienes destinados a la exportación. Sin embargo, siguen existiendo una serie de cuestiones relativas a la contratación de reclusos por parte de las empresas privadas.   

El 26 de agosto de 2014, el periódico Cambodia Daily reveló que alrededor de 15 reclusos de la cárcel temporal Oddar Meanchey estaban trabajando en la construcción del nuevo establecimiento penitenciario contratados por una empresa privada. “Además de no haber ninguna medida de seguridad o sanitaria en el sitio de construcción en Oddar Meanchey, (algunos reclusos trabajaban sin zapatos y nadie llevaba un equipo de protección), los internos recibían un sueldo de menos de $1 al día, una suma muy inferior a los $5 o más que un trabajador de la construcción obtendría fuera de los muros de la prisión.”.1

El periódico Phnom Penh Post informó que dentro de la cárcel de Battambang funciona una empresa privada de carpintería que emplea a reclusos bajo condiciones de explotación. Los internos que se enferman o se rehúsan a trabajar son privados del derecho de visita, encerrados en sus celdas, o sometidos a soportar largos períodos esposados. “No queremos recibir sanciones, así que tenemos que trabajar aunque estemos enfermos”. Un guardia del establecimiento, que habló en condición de anonimato, describió la situación en términos muy claros: “Obligan a los reclusos a trabajar para ellos (fabricando muebles para la venta), a cambio de ningún beneficio. Nosotros no tenemos poder, así que no podemos hablar libremente.”.2

En los proyectos públicos, como los programas de agricultura a gran escala en las cárceles CC3 y CC4, también se ha obligado a los reclusos a trabajar sin una remuneración adecuada.

Antiguas reclusas describieron a la LICADHO cómo se les restringió a todas internas su tiempo fuera de las celdas cuando no asistieron suficientes mujeres al taller de costura para confeccionar paños para lavar vehículos (el taller es un lugar extremadamente caluroso, con un techo bajo y mala ventilación). Algunas mujeres declararon haber sido privadas de su derecho de visita en las ocasiones en las que se negaron a trabajar por estar demasiado enfermas. Otras reclusas informaron que no habían obtenido pago alguno y que, en su lugar, las ganancias de la venta de los paños fueron compartidas entre los guardias y los líderes de las celdas.

En las cárceles más pequeñas, los reclusos han dicho a la LICADHO que tienen que pagar para poder trabajar fuera de su celda, ya sea en el jardín de la prisión, la cocina o en pequeños proyectos de artesanía o de costura a baja escala.

1:The Cambodia Daily 2:LICADHO

En Camboya no se garantiza el acceso de los reclusos a las noticias del mundo exterior, incluyendo libros, periódicos, revistas, radio y televisión.

El acceso a las noticias y a la actualidad puede ser irregular y depende de las circunstancias políticas. Por ejemplo, en el período inmediatamente posterior a la disputa electoral de la Asamblea Nacional de julio de 2013, hubo denuncias de restricciones de acceso a programas radiales de noticias en algunas cárceles, especialmente en Nom Pen. Del mismo modo, durante las concentraciones masivas de la oposición, pos y pre electorales, algunos internos dijeron a la LICADHO que las radios personales fueron confiscadas para evitar cualquier discrepancia política dentro de las cárceles.

En los últimos años, el acceso de la LICADHO a las cárceles se ha vuelto cada vez más restringido. La LICADHO no puede visitar sin previo aviso los lugares de reclusión y cada vez es más difícil para los investigadores penitenciarios realizar entrevistas dentro de la prisión en total confidencialidad.   

Algunos reclusos puestos en libertad declararon haber recibido amenazas antes de las visitas de la LICADHO o de otras organizaciones. Se les advirtió que no se quejaran sobre sus experiencias dentro de la prisión o de lo contrario recibirían castigos, como por ejemplo la reducción de las raciones alimenticias. Después de las visitas, las autoridades o líderes de las celdas suelen hacer preguntas sobre los detalles de sus conversaciones.

Para la mayoría de los reclusos, su situación financiera y el dinero que pagan determinan sus condiciones de reclusión, tratamiento, visitas de familiares y acceso a las necesidades básicas, como alimentos, agua, luz natural y aire fresco.

Los internos más pobres y los que no tienen familia, o cuyas familias y amigos no pueden visitarlos, se encuentran de forma predeterminada en la base de la pirámide jerárquica de la prisión. Estos reclusos duermen en el suelo de hormigón, a menudo, cerca del inodoro, y sobreviven con la mínima comida y agua que se les distribuye. Algunos de ellos pasan la mayor parte del día en sus calurosas, oscuras y asfixiantes celdas.

Los reclusos, tanto adultos como menores, no cuentan con ninguna protección o recurso de queja efectivo contra la tortura y los malos tratos que les infligen sus compañeros de prisión o los miembros del personal.

Por lo general, las leves infracciones del reglamento interno se castigan con la privación de visitas, una sanción que conlleva la restricción de alimentos, medicamentos y productos básicos para los reclusos, que dependen casi por completo de sus familiares. Los menores y los padres de niños pequeños también se ven afectados por esta sanción.