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Guinea: oscuridad total

— Publicado el 11 de diciembre de 2018.

Guinea, 2015. Alpha Condé fue reelegido presidente para un segundo mandato. Sin embargo, la oposición consideró que su victoria fue fraudulenta. Isiaka1 tenía 17 años cuando participó en una protesta en las afueras de Conakry, por lo que fue golpeado y encarcelado. Este es su testimonio.


NUESTRA MARCHA comenzó en el barrio de Boffi, en las afueras de Conakry. Se trataba de una manifestación pacífica que se dirigía hacia el Palacio del Pueblo, en el centro de la ciudad. Sin embargo, rápidamente los policías empezaron a lanzarnos granadas lacrimógenas, a lo que algunos de los manifestantes respondieron lanzando piedras. En medio de la multitud agitada, caí al suelo; los ojos me ardían y mi cuerpo estaba paralizado por los gases. Los policías me atraparon y me metieron en una camioneta con otros manifestantes. Luego nos llevaron a la estación de policía de Matoto, cerca del aeropuerto.


  1. El nombre ha sido cambiado. 

Al llegar la noche, un guardia nos lanzó, a través de las rejas, unas cuantas baguettes, de las que se apoderaron inmediatamente los más fuertes.

Las náuseas

Los policías nos golpearon antes de encerrarnos; me dieron 50 golpes de porra en la espalda y las nalgas, antes de llevarme a una celda, de menos de diez metros cuadrados, con otros quince manifestantes. En la celda, se encontraban tres delincuentes que intentaron extorsionarnos. Nos dijeron que todos los que estábamos allí encerrados teníamos que obedecerlos, se pararon cerca de la puerta ─donde se podía respirar un poco mejor─ y empujaron a los más jóvenes hacia el rincón en el que se encontraban los “retretes”, un cubo plástico de 20 litros cortado en dos. Después de algunas horas, el olor de los excrementos y la orina que se derramaron en el suelo invadió la celda.

Al llegar la noche, un guardia nos lanzó, a través de las rejas, unas cuantas baguettes, de las que se apoderaron inmediatamente los más fuertes. Yo no comí nada, no tenía hambre, solo ganas de vomitar. Los días siguientes, la angustia me embargó, y los olores nauseabundos y la suciedad me provocaron tantas náuseas que no podía ni comer.

Durante la noche, no había luz eléctrica, la oscuridad era total. Todos debíamos permanecer sentados con las piernas dobladas, ya que éramos demasiados y no había suficiente espacio para acostarnos.

En el día, la única posibilidad de salir era aceptar vaciar el cubo de excrementos al exterior de la celda. Por tres días, le pedí incansablemente al jefe de la estación que avisara a mi madre que estaba detenido. Finalmente, accedió llamarla, pero no le permitió que viniera a visitarme. Mi madre acudió a un amigo policía y gracias a ello aceptaron liberarme por dos millones de francos guineanos (alrededor de 190 euros) al cabo de siete días de detención en esas terribles condiciones.


Testimonio recogido por Marc Giouse.

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