Publicado el 15 de diciembre 2017.

Tras la victoria presidencial de José Mujica, miembro del partido Frente Amplio, en marzo del 2010, el Uruguay emprende un importante proceso de reforma de su sistema penitenciario. Siete años después, este pequeño y pacifico país posee la tasa de encarcelamiento más elevada de América del Sur. La primera cárcel en gestión público-privada abrió sus puertas recientemente, un módulo de aislamiento permanente fue implementado en la Unidad N°4 (Montevideo) y la posibilidad de beneficiar de una liberación condicional fue suprimida del Código del Proceso Penal en noviembre del 2017.

Rolando Arbesún, militante, eminente experto del tema carcelario y corresponsal uruguayo de Prison Insider, realiza un minucioso estudio de este proceso de reforma en su último libro "La imposible Prisión. Una historia de la Reforma Penitenciaria uruguaya”. Hemos conversado con él sobre este importante trabajo y nos ha llevado dentro de la maquinaria detrás de la reforma, sus fallos pero también sus posibilidades de recuperación.
En exclusiva para Prison Insider.

Las expectativas eran muy importantes porque, a lo largo de toda la historia del sistema penitenciario uruguayo, se ha emprendido tres grandes reformas.

"Disparidades y ambigüedades"

  • ¿De dónde te surgió la idea de hacer este libro ? Qué temáticas abordas en él?

La idea del libro surge de una invitación a dictar una conferencia por parte de una universidad peruana donde trabajo, la universidad Cesar Vallejo. Mi intención era comparar la situación penitenciaria en Uruguay y Perú, dado que en ambos estaban en medio de un proceso de reforma de sus prisiones. Esto me obligó a trabajar sobre el proceso uruguayo, que da comienzo en el año 2010. Y a medida que fui avanzando fue naciendo el libro, por el peso mismo del trabajo.

  • ¿Cuáles eran las expectativas que se tenían de esa reforma en el 2010?

Las expectativas eran muy importantes porque, a lo largo de toda la historia del sistema penitenciario uruguayo, se ha emprendido tres grandes reformas. La primera corresponde con la entrada del Uruguay al llamado "modernismo", el clásico correccionalismo desprendido de las revoluciones que se dieron en los sistemas penitenciarios de Europa y de los Estados Unidos. Luego, en la década de los años 30, hubo un segundo intento de llevar el sistema penitenciario a escala nacional y acercarlo a lo que en ese entonces se llamaba la "ciencia penitenciaria". Y este del 2010 sería el tercer gran momento de la historia del sistema penitenciario uruguayo, en el cual se pretendía –además de unificarlo dado que no lo estaba— incorporar los desarrollos en materia de derechos humanos y de reforma penitenciaria. El libro narra, a partir de análisis de organismos contralores de cumplimiento de los derechos humanos y de informes del propio Ministerio del Interior, una genealogía de las diferentes acciones de la reforma penitenciaria.

  • ¿Si tuvieras que hacer un balance de lo positivo y lo negativo, cuáles serían los puntos más importantes?

Hay un capítulo del libro que justamente está dedicado a eso, se llama "Disparidades y ambigüedades". La reforma tiene, como es lógico si se considera su punto de partida, un conjunto de disparidades que pueden ser adjudicadas a las diferencias históricas entre las Unidades penitenciarias. Pero luego aparecen las ambigüedades, que el contenido mismo de la reforma fue produciendo, ya no en Unidades penitenciarias específicamente, sino en la conducción estratégica de la misma.

Creo que uno de los puntos más graves, se explica bastante bien en el libro, es la constitución de un régimen especial de aislamiento dentro de una de las Unidades penitenciarias. Ese régimen no solo es violatorio de todas las convenciones de derechos humanos relativas a los prisioneros, sino que además incorpora en la línea estratégica de la reforma lo que se conoce como la "nueva penología".

Los críticos de la reforma española califican con razón esta disciplina, entendida como los desarrollos que se han dado contemporáneamente en los Estados Unidos y Europa, sobre todo Inglaterra, como el "liberalismo en criminología" y alertan sobre el impacto que ha tenido en las ciencias penitenciarias; sobre todo en lo que se conoce como el "actuarialismo penitenciario" y el control riesgos a la hora de decidir el grado de acceso a derechos humanos de los prisioneros.

Fue como una suerte de colonización intelectual en materia de conducción estratégica de la reforma.

Una suerte de colonización

  • ¿Y qué piensas que incitó al Ministerio del Interior a tomar esa vía?

Acá juegan dos procesos distintos pero que terminan articulándose muy solidariamente entre sí. El primero está explicado, en mi opinión, por los compromisos que adquiere el Uruguay a nivel internacional, sobre todo con el Banco Interamericano de Desarrollo y con la Agencia Española de Cooperación Internacional en cuanto a asesoría para el desarrollo de la reforma. Esto comprometió el contenido mismo de la reforma ya que se realizaron procesos de capacitación y orientación venidos del extranjero y generaron una incorporación conceptual que alejó a la reforma de las condiciones históricas del Uruguay. Fue como una suerte de colonización intelectual en materia de conducción estratégica de la reforma.
El segundo proceso está vinculado al auge del punitivismo en el Uruguay, que desde finales de los años 90 viene cada vez más en ascenso.

Es decir, un proceso de penas más duras, una retorica de la disuasión y la disminución de los "beneficios intra-penitenciarios" (liberaciones condicionales o anticipadas, ndlr).

Estos dos procesos, articulándose entre si, coagularon todo supuesto aire revolucionario (en un sentido de transformación) y condujeron por los caminos que adoptaron los sistemas penitenciarios de los países de donde provienen este tipo de asesoramiento (Estados Unidos, Inglaterra, España). También podríamos citar el caso chileno, donde una cárcel en asociación publico-privada se presenta como un caso paradigmático de buenas prácticas en materia de privatización penitenciaria cuando en realidad ha sido fuertemente criticado, incluso por comisiones investigadoras del Congreso chileno. Hay un capítulo del libro que se llama "Quo vadis INR", sobre la institución que dirige las prisiones en el Uruguay, que puede dar luces sobre las derivas que ha tenido la reforma y su entrada en un camino que uno no puede más que valorar como incierto, ateniéndose al estado de las cosas y a los informes que están produciendo los organismos contralores de derechos humanos.

  • ¿Como es percibida esta política punitiva que caracteriza al Uruguay?

La tasa de encarcelamiento del Uruguay es efectivamente una de las más elevadas de Latinoamérica. El común de la gente percibe esto de manera bastante ambigua; las personas pueden no ser solidarias cuando se enteran de prácticas excesivamente degradantes hacia los prisioneros, pero el común denominador de los uruguayos está bastante contento de que las prisiones estén como están porque eso es lo que merecen los "delincuentes", como se dice… Y eso es lo que alimenta el "espíritu de emocionalidad", como diría David Garland, del punitivismo uruguayo.

Las prisiones tienen situaciones graves a partir de una ideología de izquierda; yo creo que eso hace la diferencia en la complejidad del problema.

La legalización del cannabis

  • ¿Piensas que la legalización del cannabis tuvo algún impacto en el sistema penitenciario?

Creo que las dos reformas van por caminos absolutamente diferentes. A pesar de que en el afuera penitenciario la medida fue vista como revolucionaria, atrevida, intrépida, dentro de las prisiones no tuvo absolutamente ningún impacto. Incluso cuando se analiza la evolución del número detenciones producto de la reforma de la Ley Antidrogas, tampoco se verifican cambios que permitan decir que se ha pasado a una política menos represiva con relación a las drogas. Yo creo que va dirigido a impactar otros campos que el sistema penitenciario como tal. El consumo de cannabis en la prisiones sigue siendo tipificado como delito, y además, el Ministerio del Interior cuando se producen incautaciones de alguna sustancia, bien sea a familiares o a prisioneros, publica en su portal de internet las detenciones y los procesamientos de las personas que están implicadas, no importa la cantidad a la que esté referida. Es decir, es como si estuviésemos viviendo dos situaciones paralelas, diferentes.

  • ¿Qué aportes positivos trajo la reforma y qué perspectivas tiene al día de hoy?

La reforma permitió el desarrollo de lo que se denomina, de una manera bastante ambigua, buenas prácticas. Es bastante extraño llamarle "buenas prácticas" a algo que es elemental como el respecto de los derechos humanos de los prisioneros. Pero así es como se maneja en la jerga internacional…

En ese sentido, la reforma permitió generar ciertas prácticas diferentes a las tradicionales en el proceso de gestión de la privación de libertad. Pero esto es un arma de doble filo porque, al mismo tiempo, los conductores de la reforma utilizan estos espacios como coartada para decir que van camino a una reforma que respeta los derechos humanos. Y esto hay que tomarlo con pinzas.Y desde el punto negativo, la reforma se ha quedado sin senda, no ha avanzado en su primera agenda.

Una agenda bastante clara en los primeros años de la reforma, que se ha vaciado de su optimismo, no ha sido renovada. Creo que la reforma, además, no ha tenido la capacidad de pensarse a sí misma. Ha habido un movimiento inercial, y los datos que produce el Ministerio del Interior –y el libro en ese sentido es bastante gráfico— nos presentan una situación en materia de educación, de acceso al trabajo, de condiciones de vida de los prisioneros, bastante similar a la de años incluso anteriores al comienzo de este proceso.

  • ¿Consideras que la reforma fue un retroceso más que un avance en las condiciones de detención en el Uruguay?

La reforma, en sus primeros momentos, significó un avance importante, o por lo menos la esperanza de crear las condiciones para un avance importante. Yo creo que esas condiciones en estos momentos han desaparecido y se han comenzado a producir retrocesos que, al ser impulsados desde la misma reforma, son más graves políticamente que la situación anterior. Porque antes se podía adjudicar a ideologías de derecha las condiciones de las prisiones. Hoy eso no es posible porque las prisiones tienen situaciones graves a partir de una ideología de izquierda; yo creo que eso hace la diferencia en la complejidad del problema.

  • ¿Hay algún movimiento de la sociedad civil que exija que se retome la reforma como se había previsto inicialmente?

El Comisionado Parlamentario para el Sistema Carcelario, un asesor técnico del parlamento que podría denominarse el Ombudsman carcelario, ha insistido con proposiciones positivas, como la implementación políticas públicas intersectoriales que involucren a varios ministerios y no solo al Ministerio del Interior. La respuesta que ha tenido el Ministerio de Interior hasta el momento ha sido de defensa a esas criticas. Es decir, es como si estuviese cegado en su propia vocación reformista y hiciese oídos sordos a un conjunto de señalamientos que, si bien son críticos porque no pueden serlo de otra forma, tienen un fuerte contenido pro-positivo, es decir están invitando a que se sumen más organismos del Estado uruguayo a sostener el desarrollo de la reforma. Creo que los próximos informes del Comisionado Parlamentario y del Instituto Nacional de Derechos Humanos van a ir cambiando paulatinamente de tono y serán similares a los primeros que publicó Comisionado Parlamentario, que fueron muy críticos.

Creo que todavía falta por generarse un proceso de reforma de las prisiones en Latinoamérica que atienda a la historia genuina de estos países...

Una presencia importante

  • ¿Con el movimiento político que se está generando en Latinoamérica recientemente, el "giro a la derecha" como le llaman algunos, crees que Estados Unidos logrará tener una presencia más importante y la implantación de regímenes de aislamiento como el que existe en Uruguay se generalizarán?

Estados Unidos ya tienen una presencia importante en América Latina, quizás con menor intensidad que en la década de los 70, principio de los años 80, cuando estábamos en plenas dictaduras cívico-militares como el caso del Uruguay. Pero hay una fuerte presencia del Buró Federal de Prisiones de los Estados Unidos a nivel de asesoría.

Nos presentan sus prisiones como prisiones modelo y nos invitan a seguir protocolos de actuación a imagen y semejanza de los protocolos americanos, desconociendo el origen de la discusión –estoy pensando en los regímenes históricos de Filadelfia, de Auburn— y desconociendo todo el daño que le ha hecho a América Latina la cercanía con la forma de pensar la vida norteamericana.

Creo que todavía falta por generarse un proceso de reforma de las prisiones en Latinoamérica que atienda a la historia genuina de estos países, sin estar mirando permanentemente a los modelos supuestamente desarrollados de los Estados Unidos y Europa.

  • Cuando además esos países reciben miles de criticas. Estados Unidos está lejos de ser un modelo…

Claro, suponiendo que esos sean modelos. Esa es la discusión que está instalada ahora entre España y Bélgica por ejemplo, a propósito de la declaración de independencia de Cataluña. Bélgica pidió a España un informe sobre el estado de sus prisiones porque de lo contrario no aceptaría la extradición de Carles Puigdemont, dado que pidió asilo político. España entonces se acordó de las críticas que han recibido las prisiones belgas y presentó su sistema penitenciario como superior al sistema belga, cuando esto evidentemente no es cierto, basta con revisar los informes del Observatorio Europeo de Prisiones.

Para mi es un orgullo que Prison Insider sea el primero que publique mi libro. Cualquier cosa que se pueda derivar en términos comerciales con relación a este, sin duda alguna van a ser para Prison Insider. Hay que apoyar la lucha por los derechos humanos de los prisioneros que son, en primer lugar y eso es lo que me mueve a mi, personas iguales a nosotros en una situación muy particular de sus vidas.

  • Descubra el prólogo del libro La "imposible prisión": una historia de la Reforma penitenciaria uruguaya

  • Consulte la ficha-país sobre el Uruguay

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Rolando Arbesún Rodriguez

Experto del tema carcelario en Uruguay

Rolando Arbesún es un experto del tema carcelario en Uruguay. Su trayectoria diversa le ha permitido ocupar puestos de investigador y docente en varios países de la región, de director de centros penitenciarios, consultante para el Instituto Nacional de Rehabilitación y militante de los derechos de las personas privadas de libertad. También fue el primer director de Punta Rieles, una prisión modelo uruguaya que propone un métodos alternativos de encierro. Rolando Arbesún es corresponsal de Prison Insider desde junio de 2017.