¿Y si el discurso sobre la reinserción también fuera indigesto?

– Publicado el 2 octubre 2018

Samuel Lourenço Filho estuvo encarcelado en Brasil durante nueve años. El discurso sobre la reinserción se le ha quedado atascado en la garganta.
En mayo de 2018, publicó una tribuna en la página del periódico brasileño GGN. En Prison Insider, la reprodujimos, tradujimos y adaptamos con su aprobación.
Punto de vista

¡Comer o morir!

Los reclusos tienen hambre Aunque haya nutricionistas para equilibrar las comidas que se les proporciona, los reclusos siguen con hambre. Esto no es un cuento, es la realidad. Los alimentos son insípidos y, a veces, rancios. En sí, no es que falten los alimentos, solo que los reclusos mueren de hambre porque están caducados al llegar a los establecimientos o porque su calidad se encarga de quitarles el apetito.

Los reclusos deben conformarse con lo que hay. Así es, ¡Comer o morir! Deben pasar por alto el sabor amargo de los alimentos y convencerse de que “están buenos” por lo que son, o que están bien para una persona que no tenía gran cosa qué comer.

Aún queda por tragarse estos alimentos sazonados con el odio de las personas que piensan que la mejor comida para un recluso es una bala de 762 disparada desde el mirador.

Tregua gastronómica. Para todos mis amigos reclusos, este es mi consejo: ¡no se traguen el discurso sobre la reinserción! Aunque sea necesario para sobrevivir, es el alimento más caducado, tóxico y nocivo que intentarán suministrarles.

La reinserción es un señuelo que los exime de toda responsabilidad.

Una mentira

¡La reinserción es un chiste! Un producto de pacotilla que se distribuye como una propuesta de progreso social. Para ti recluso, que eres un salvaje, un ser retorcido, la reinserción es la maldita solución para hacer de ti una persona civilizada, social, humana, ordenada, educada…

Es un señuelo que los exime de toda responsabilidad. Reinsertar es partir del principio de que el recluso nunca ha formado parte de la sociedad. Como si fuera un extraterrestre que hubiera caído en este planeta cometiendo delitos, y que ahora necesita aprender a vivir con los locales.

Amigos reclusos, tengan cuidado cuando se traguen el discurso de la reinserción, ya que este puede integrarlos directamente en nuestra sociedad actual: una sociedad de consumo, prejuicios, extremismos, racismo, machismo, intolerancia religiosa, privilegios, etc. ¡Presten atención! Una vez reinsertados, formarán parte de una sociedad que excluye.

A fuerza de reinserción, podrían hacerlos creer en el Lava Jato1, hacerlos apoyar la reducción de la edad de responsabilidad penal, hacerlos pensar que las subvenciones de las personas pobres alcanzan los 4000 reales (alrededor de 849 euros), y que un buen delincuente es un delincuente muerto.

Yo estuve detenido con antiguos policías corruptos, quienes, después de haber sido excluidos del sistema, terminaron en prisión con personas que ellos mismos habían arrestado; vi al antiguo gobernador Sergio Cabral inaugurar una cárcel con el secretario de la administración penitenciaria, y hoy en día los dos están detenidos, pese a que este último apoyaba la firmeza de las penas y la reinserción.

La reinserción hace creer que la sociedad es un mundo lejano al que se debe llegar, algo así como un ideal. ¡Mentira! La prisión está en la ciudad y con la ciudad. La prisión es una realidad social. ¡Deshonestos, mentirosos, hipócritas!, nadie asume su responsabilidad en este asunto; nos excluyen y luego aparentan que somos nosotros los que no queremos reinsertarnos. Por naturaleza, somos unos salvajes, unos seres bárbaros. ¡Qué conveniente!

La prisión forma parte de la sociedad, y los reclusos también. Nadie puede ser excluido.

Mucho cuidado con la reinserción. Tragarse ese cuento podría hacerles perder la cabeza e incluso querer tirar todo por la borda.

La reinserción es como la comida caducada, cae mal.


Leer el artículo original (en portugués).


  1. la operación Lava Jato (lavado a presión) es una investigación que reveló un caso de lavado de dinero y de corrupción en Brasil .  

Escrito por Samuel Lourenço Filho

38183362_830192153852755_4194951668183334912_n.jpg

Samuel Lourenço Filho

Samuel Lourenço Filho tiene 31 años, de los cuales pasó nueve en prisión. Durante su condena estuvo en siete establecimientos diferentes en el estado de Río de Janeiro (Brasil). Actualmente, se encuentra en libertad condicional y recibe una formación de gestión pública y desarrollo económico y social en la universidad pública federal de Río de Janeiro.

Apóyenos

Donación mensual

Actuar
Difundir
Desarrollar
Contribuir
mockups_devices_es.png