Los programas de radio dedicados a los reclusos y a sus familiares hacen entrar en prisión la vida del exterior.
Casi siempre, el principio es el mismo: las personas llaman para enviar su mensaje a un hermano, una hija, un amigo preso, o solo para pronunciar algunas palabras de aliento. Así es como las palabras de esperanza, de sufrimiento y de amor traspasan los muros. En algunas ocasiones, los familiares aprovechan estos programas para dar testimonio y debatir. Los presentadores reciben y acompañan estas palabras, y deciden bien sea tomar distancia o adoptar una posición. Gracias a ellos, la radio y la prisión tienen desde hace tiempo una relación estrecha, necesaria e, incluso, indispensable para algunos. Encuentro con las personas que entablan estas valiosas relaciones.

Publicado el 26 de julio 2017.

A veces parecen telegramas, mensajes cifrados, como, por ejemplo, la llamada de Hélène al “Teléfono del domingo” (Téléphone du dimanche, emisión de la radio Notre Dame: “Marco sigue en su puesto; Véronique y su esposo fueron trasladados a Menton; Coralie mide 1m96”. Es como si Hélène quisiera hacer entrar a la celda de su amigo Eric, en tan solo unos minutos, todo el mundo exterior que solían compartir.
Las llamadas se difunden en directo, y las noticias llegan una a una, compactas y frías. Después, de un momento a otro, Hélène comienza a llorar y confiesa: “Esto es cada vez más difícil… un abrazo… Sé fuerte Eric”. Así es la emisión del domingo entre las 17:00 y las 18:00: las noticias son precisas, como si las personas las escribieran con antelación para no olvidar lo que quieren decir… allí se cruzan las confidencias y las penas. Algunos oyentes responden, como Mélanie, quien deseaba felicitar a Hélène por soportar tan bien la situación. Mélanie es de los que llaman para dar un mensaje de apoyo: “no sabemos quiénes son las personas que escuchamos, de las que hablamos, cómo es su rostro, pero tratamos de enviar un poco de luz; si al menos uno logra soportar, los otros lo seguirán”.

En ocasiones, los mensajes de aliento van seguidos de un vibrante mensaje de amor como el que envía Corinne a Emmanuel: “Pienso en ti, te amo, creo que cada vez más”. Y aunque no es Emmanuel quien responde, sino Bérangère, la locutora, quien retoma la palabra, las personas que llaman saben que las escuchan; los mensajes se terminan a menudo con: “Te llamaré de nuevo el próximo domingo”.

Un año después, cuando su hijo salió de prisión vino a la radio para decirnos: “Gracias, sin el Teléfono del domingo, no habría podido resistir durante tres años

Para Leïla, expresarse en la radio es una manera de proteger a su marido y de hablar en nombre de todos los demás.

El tiempo, los jóvenes del EPM lo esparcen, lo extienden, lo cuentan y lo descifran a su manera. Una historia personal y conmovedora