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Uruguay : ¿Que se pudran en la cárcel?

Esta semana el sistema carcelario uruguayo vivió un hecho histórico. La Justicia condenó al Ministerio del Interior (MI) a realizar un “programa de tratamiento individual” para seis presos del Comcar a quienes se había diagnosticado desnutrición a fines del mes de mayo. En la sentencia se obliga a aplicar las llamadas “Reglas Mandela”, que resumen los mínimos exigidos por Naciones Unidas para el tratamiento de los reclusos.

Estamos ante un fallo sin precedentes, por dos razones. Porque por primera vez se invoca al derecho internacional para proteger los derechos de la población carcelaria y porque se produce a partir de una acción de amparo presentada por el comisionado parlamentario para el sistema carcelario.

Juan Miguel Petit, que ocupa ese cargo desde octubre de 2015, explicó a El Observador que las autoridades deberán crear un documento en el que especifiquen información sobre cada recluso: “qué sabe hacer, qué es importante que aprenda durante su tiempo en prisión, cómo se integra y se relaciona con su familia, entre otros puntos”. Ese reporte debe estar pronto en 30 días y permitirá planificar mejor el proceso de rehabilitación, ya que buscará ofrecer soluciones individuales a cada uno. A su vez, el MI deberá informar en 90 días a Petit sobre la evolución de estos reclusos que motivaron esta presentación.

Privilegiados

Es casi una paradoja. Estos presos, que habían caído en el fondo del pozo de la condición humana, serán los primeros beneficiarios de un tratamiento que debería ser lo habitual pero está muy lejos de serlo.

A mí me había impresionado esa carencia, cuando la encontré, expuesta por Petit, el mes pasado, en su informe anual. Allí denunciaba que “buena parte del sistema carece de una propuesta de rehabilitación para quienes llegan a él”. Y explicaba: “luego del procesamiento, los internos son derivados a un centro penitenciario sin que la mayoría tenga una instancia en que se plantee el objetivo a buscar durante el tiempo que estará allí”. Agregaba que ya ni siquiera se les entrega “un librillo” que existió en el pasado y que les explicaba sus derechos y obligaciones. Y concluía: “Sin objetivo, la pena que ya es aflictiva de por sí, se vuelve solo violencia.”

Sin objetivos

Es terrible que eso ocurra en un sistema penitenciario. Petit lo enfatizaba: Pasar por la cárcel sin objetivos “no es inocuo sino un agravamiento de la situación psico social de la persona”. “El daño”, seguía diciendo, “no es solamente a [ella] sino también a su familia”. Y remataba con lo más duro: cuando el interno cumpla su pena egresará “en peores condiciones que cuando ingresó”.

El infierno

Y ojo: estas consideraciones de Petit estaban referidas al grueso de la población reclusa. No a los casos extremos. De estos últimos se ocupaba aparte cuando describía situaciones como las de los módulos 8, 10 y 11 del Comcar, donde su diagnóstico era lapidario: allí se padece un “trato cruel, inhumano o degradante”. En el módulo 8 fue que, casi por casualidad empezó a procesarse este cimbronazo que vimos en estos días. Ocurrió el 31 de mayo. En esa fecha, según reveló el diario El País, una médica que atiende una vez por semana localizó a un grupo de presos que se encontraban en condiciones críticas. Sobre cuatro de ellos anotó “adelgazamiento”, “que en un caso llegaba a ser extremo”. En la historia clínica escribió: “refiere privación de alimento”.

¿Qué había detrás? Víctor, Walter, Cristian, Nicolás, Gustavo y Luis no comían hacía varias semanas o incluso meses. “No salían de sus celdas desde abril. No hacían otra cosa que convivir en 8 metros cuadrados con otros 10 reclusos igual de hambrientos, desahuciados, sucios, desabrigados y deprimidos”. “Estaban desesperados en silencio”, graficó Paula Barquet, la periodista autora de la nota. A otro Luis, también alojado en el mismo lugar, además de la desnutrición se le encontró varias heridas, traumatismo de cráneo, fractura de antebrazo izquierdo y quemaduras. Su ficha habla hasta de “torturas”.

Cuando estos datos llegaron al comisionado parlamentario, éste se movió rápido y a varias puntas. Por un lado, llevó la situación a conocimiento del Poder Legislativo y, paralelamente, radicó la acción de amparo ante la justicia, estrenando una potestad que le confiere la ley.

Recuperación

Los presos que hicieron saltar las alarmas ya están en proceso de recuperación. Mucho antes de que la justicia se expidiera, las autoridades los trasladaron al módulo 4, que mucho más civilizado, los colocaron bajo la supervisión de un equipo técnico y les suministraron un kit básico de frazadas, calzado, ropa, toallas y artículos de limpieza personal. Quienes los atienden cuentan que han ido aumentando su índice de masa corporal, muestran “menos miedo” y son “más capaces de mirar a los ojos a las personas que tienen delante”.

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