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Marruecos & Sahara Occidental: la huelga de hambre, única opción de los presos políticos

Marruecos incumple la IV Convención de Ginebra: los presos saharauis están a más de 1200 kilómetros de su tierra.

Cerca de medio centenar de presos políticos saharauis cumplen severas condenas en cárceles marroquíes en duras condiciones, sin respeto a los Derechos Humanos y a más de 1200 kilómetros de su tierra. La represión que padecen, con malos tratos, tortura y situaciones degradantes y humillantes, les lleva a luchar con la única arma que tienen a mano: la huelga de hambre.

Hasta el 31 de octubre de 2018, según datos del Frente Polisario, había en cárceles marroquíes 48 presos políticos saharauis -en otras épocas llegaron al centenar-, con elevadas penas impuestas en juicios denunciados por ausencia de pruebas y sin garantías. Hay nueve reclusos con cadena perpetua, cuatro condenados a treinta años, cinco a veinticinco, dos a veinte, otros dos a quince, seis a diez, y dieciocho tienen penas de entre tres y seis años. A dos que fueron detenidos este verano, en Dajla y El Aaiún, les impusieron penas de cuatro meses a uno y cinco a otro.

La mayoría de los presos han protagonizado varias huelgas de hambre para denunciar las extremas condiciones de reclusión y ser trasladados a cárceles del Sáhara Occidental. En octubre de este año varios reclusos siguieron sin ingerir alimentos y otros se sumaron a esta medida.

Menos los dos presos detenidos el pasado verano, que se encuentran en la cárcel Negra de El Aaiún, los demás permanecen en prisiones situadas en territorio marroquí, en contra de lo que establece el IV Convenio de Ginebra sobre protección de civiles en los conflictos armados –ratificado por Marruecos y al que se adhirió el Frente Polisario-, como han denunciado los abogados de los reclusos saharauis y ha expuesto el catedrático de Derecho Constitucional Carlos Ruiz Miguel, director del Centro de Estudios sobre el Sáhara Occidental (CESO) de la Universidad de Santiago de Compostela.

De las nueve cadenas perpetuas, ocho corresponden a presos del grupo de Gdeim Izik, el campamento reivindicativo que 20.000 saharauis levantaron a las afueras de El Aaiún, y que fue brutalmente desmantelado por la policía y el ejército marroquí el 8 de noviembre de 2010.

La otra cadena perpetua corresponde al preso saharaui que más tiempo lleva actualmente en prisión, 14 años: Salek Laasairi, detenido en Tan Tan, sur de Marruecos, en diciembre de 2004, acusado del homicidio de un oficial marroquí. Preso en la cárcel de Ait Melloul, entre abril y mayo de 2014 estuvo 38 días en huelga de hambre en protesta por la violencia carcelaria marroquí.

Recientemente, el preso El Bachir Khadda (condenado a 20 años), del grupo de Gdeim Izik, estuvo 43 días sin ingerir alimentos por los continuos malos tratos que recibe y el aislamiento a que es sometido. Este año protagonizó otra huelga de hambre de 33 días, a la que puso fin ante las promesas de las autoridades marroquíes, como tener asistencia médica, que no llegaron a cumplir.

Un caso de ensañamiento es el que padece Mbarek Daoudi, de 68 años, defensor de los Derechos Humanos y de la autodeterminación del pueblo saharaui, que ha protagonizado varias huelgas de hambre, una de ellas de 51 días entre noviembre y diciembre de 2014. Fue detenido el 28 de septiembre de 2013 en Guelmin, sur de Marruecos, y tiene dos condenas, una de seis meses y otra de cinco años.

Condenado primero por “poseer un uniforme militar” -estuvo más de 30 años en el ejército marroquí- y después por “posesión de 35 cartuchos para caza” e “intentar fabricar un arma” -la policía encontró en casa de su padre un arma de la guerra contra los franceses de 1936 que perteneció a su bisabuelo-, Daoudi informó a una ONG sobre la localización de una fosa común con restos de saharauis asesinados, y, a partir de ese momento, empezó su persecución y la de su familia, que es acosada continuamente por la policía marroquí: dos hijos fueron condenados a dos años de prisión y otros dos a uno. El padre fue torturado en presencia de un hijo y el hijo en presencia del padre: al final, Mmbarek Daoudi firmó la confesión que le presentaron.

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