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Argentina: negociar en desventaja por la presión de estar detenido

El defensor general de Rosario, Gustavo Franceschetti, advirtió que se pone el ojo en las penas altas cuando las mayores dificultades con los abreviados radican en el “abuso de la prisión preventiva” en delitos con penas bajas: “Si las personas están encarceladas van a tener una tendencia natural a aceptar cualquier acuerdo que le implique la libertad. Entonces se convierte en una especie de propuesta irresistible: si te hacés cargo te vas con una pena compurgada y salís en libertad. Hay que ponerse en el lugar de esa persona que está encarcelada, quizás por primera vez. El abreviado es una negociación y para que sea justa tiene que haber equilibrio de posiciones. El preso está en desventaja para negociar”.

El modo de compensar esos riesgos es “tratar de dar todas las discusiones posibles sobre la prisión preventiva en primera y segunda instancia para darle todas las garantías posibles al defendido. Una vez que está en libertad la decisión es más genuina y más pura”.

“Hay un uso excesivo de la prisión preventiva que no genera buenas condiciones para los abreviados. A pesar de que el Código Procesal Penal es bastante amplio, los jueces son cada vez más exigentes a la hora de decidir una libertad y cada vez son mayores las presiones políticas, mediáticas y públicas para que se encarcele a las personas”.

Hoy hay 2.050 personas en la cárcel de Piñero cuando dos años atrás había 1.448, un cupo judicial impuesto por un hábeas corpus de la Defensa Pública. “Desde aquella fecha a hoy el ritmo de crecimiento es de dos personas cada tres días en Piñero”, precisó el defensor.

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